Un recuerdo para que la historia no se repita  * Apuntes políticos, económicos y sociales de una de las dictaduras más brutales y eficientes de América Latina

Por Francisco Ortiz Velázquez
Latitud 45 Plataforma Multimedia

 MONTREAL, 3 diciembre 2018.— La primera reacción tras releer la historia completa de crímenes y excesos de Rafael Leónidas Trujillo es de conmoción, de estupefacción, acaso con sensaciones de náuseas, una conciencia mareada por los hechos de sangre tras recorrer parte de toda la barbarie y atrocidades que un hombre puede cometer contra sus compatriotas, en su afán de poder, de gloria, de riqueza y de culto desmedido a la personalidad.
   Después, la sensación —todavía después de 57 años del asesinato del tirano—, de repudio, de un lejano temor y de odio que todavía vagan entre las páginas de historia y el recuerdo colectivo de quienes hoy aún viven y que, se espera, no olviden para ellos ni para sus hijos un terrible drama vivido por su país, durante el apogeo de esos años de dictadura. Un recuerdo para que la historia no se repita. 
   Rafael Leónidas Trujillo Molina (San Cristóbal, octubre 24, 1891- Santo Domingo, mayo 30, 1961), fue el dictador de República Dominicana con mayor tiempo en el poder, ya sea investido como presidente del país o detrás de personajes a los que dejó ocupar la silla presidencial, manipulándolos como títeres, durante un periodo de 31 años (1930-1961).

 Dueño de vidas y haciendas...

Un régimen en el que nada ni nadie podía estar en República Dominicana fuera de su órbita de poder, so pena de perecer asesinado o torturado. Este hombre estaba hasta los tuétanos metido dentro del pueblo dominicano, como amo de las vidas de millones de personas que no podían comer, respirar, vivir, estudiar, ni siquiera dormir sin quedar fuera de su omnipresente sombra. (Para graduarse en la Universidad había que hacer confesión pública de fe trujillista).
   El “Jefe”, como le llamaban, acrecentó poder bajo mecanismos de terror y se autonombró “generalísimo”, “padre de la nueva patria”, “benefactor”, “doctor”, “héroe”, “máximo conductor del pueblo dominicano”, “reconstructor de la patria”, “preclaro conductor de los destinos”, “ilustre jefe” y hasta “protector de la iglesia católica”.
   Una iglesia de la cual Trujillo se sirvió y a la cual incluso presionó. El dictador visitó en 1954 El Vaticano, para firmar un concordato con el Papa Pío XII, a fin de obtener beneficios mutuos y para que se ratificara a un arzobispo vitalicio que no se le opusiera, monseñor Adolfo Nouel. A esta institución religiosa le ordenó acuñar la frase con la que los fieles habían de referirse a él como una oración diaria en suelo dominicano: “Dios en el cielo y Trujillo en la Tierra”. Y a la cual el dictador posteriormente invirtió el orden: Primero Trujillo, luego Dios.

 Intimidó a Dios y a su vicario

Un hombre despiadado que no dudó en llegar al poder y mantenerse durante más de 31 años, a costa de baños de sangre de sus opositores y que incluso mandó cambiar el nombre de montañas, ciudades, puentes y provincias para rebautizarlas con su apellido: Pico Trujillo, Ciudad Trujillo, Provincia Trujillo... Hasta las matrículas de los automóviles tenían como lema “Viva Trujillo” y un gran letrero de neón en la capital ensalzaba su nombre junto con el de Dios.
   Así, intimidando incluso a Dios y a su vicario, era lógico que tanto sus opositores como sus simpatizantes temblaran ante su nombre, sobre todo al influjo de la policía secreta que cometió miles de crímenes en su nombre, el SIM, Sistema de Inteligencia Militar, que mantuvo un régimen de terror en todo el país para asegurar su estadía en el poder, con calabozos repletos.

 Criminal y alumno de sicópatas

“Trujillo —afirma el escritor Aquiles Julián— fue un criminal y alumno de sicópatas de la categoría de los capitanes del US Marines Corp Charles Merkel y Charles R. Buckalew”, pues como miembro de la Guardia Nacional creada por el ejército estadounidense de ocupación, Trujillo antes de ser dictador “hizo el papel de represor contra el alzamiento de los campesinos del Este, a quienes con desmanes los despojaron de sus tierras para extender las plantaciones azucareras de los ingenios norteamericanos. En ese quehacer, Trujillo mató, torturó, violó mujeres, chantajeó, secuestró, atracó y despojó a su gusto a muchos propietarios de sus predios, para hacer fortuna y conseguir poder”.  (Trujillo: Falso nacionalista y peor patriota. Miguel Espaillat. Blog: Para que no se repita la Historia, 27 de septiembre de 2013).  https://paraquenoserepitalahistoria.blogspot.com/2013/09/trujillo-falso-nacionalista-y-peor.html

 República Dominicana o "Empresas Trujillo S.A."

Pero no solo acumuló poder, nombramientos, lujos y riquezas en torno a sí y a su familia sino que incluso se apoderó de todo el país, gracias al desarrollo industrial, agropecuario, bancario y comercial que su dictadura propició en más de tres décadas como tirano, ya que se adueñó de empresas en los siguientes sectores de producción:
   Sal, carne, arroz, leche, ingenios azucareros, tabaco, calzado (en una sociedad semi rural emergente prohibió a sus ciudadanos andar descalzos); pinturas, seguros, licores, refinadoras de aceites, molinos, cementeras, armerías, fábricas textiles, de vidrio, de papel, armadoras de automóviles, compañía nacional de aviación, industrias ferreteras, de caoba, aserraderos, navieras y por supuesto de periódicos y de radiodifusión. Todo esto lo hizo amasar una fortuna de más de 800 millones de dólares y convertirse en su tiempo en uno de los seis hombres más ricos del mundo. (Libro, La fortuna de Trujillo, Juan Bosch, Santo Domingo, 1985).
   “Instaló un banco, manejado por su esposa, para el canje de los cheques del gobierno; los empleados públicos podían cobrar sus sueldos por adelantado a cambio del pago de una comisión. Monopolizó el negocio de los seguros (...). Obras Públicas. Recibía jugosas comisiones por la concesión de los contratos para la construcción de obras”.  (Carlos Carlos, articulista-forista # 98306, en las opiniones correspondientes al artículo “El argumento del necio” publicado por el periódico Almomento.net con fecha 05/09/2013, referido en: Trujillo: Falso nacionalista y peor patriota. Miguel Espaillat. Op. cit.)

Hizo de Dominicana su finca privada

 Juan Bosch en la obra referida sobre la fortuna de Trujillo, afirma que cuando lo asesinaron en 1961, el dictador adueñaba 111 empresas en los rubros antes descritos, en las que además subempleaba y explotaba a miles de inmigrantes haitianos, a quienes jamás dio estatus legal y a quienes expulsaba a su país cuando ya no le servían o estaban viejos y enfermos.
   “Él y su familia, por casi 31 años, hicieron de los 48 mil kilómetros cuadrados de esta media isla (la otra mitad la ocupa Haití) su finca privada, donde a sangre y fuego fueron amos y señores, y dueños de haciendas y de vidas. Durante todo ese tiempo, martirizaron a esta tierra. Durante esa larga época, en todo tiempo, se mantuvo persiguiendo y matando a sus propios conciudadanos y despojándolo de sus propiedades, derechos y libertades. En esa época hubo abuso de poder, encarcelamientos, torturas, muertes por doquier, oscurantismo, despotismo, calieses (término que se refiere a los integrantes del Sistema de Inteligencia Militar) y caliesaje, terror y opresión, crímenes horrendos y muchas más perversidades”. (Trujillo: Falso nacionalista y peor patriota. Íbidem).
   Sus defensores argumentan que Rafael Leónidas Trujillo permitió durante su larga dictadura el desarrollo industrial del país, a lo que el escritor José Almoina en su libro “Una satrapía en el Caribe” refuta: “Que esto sirvió de obligado corolario para hacer grandes obras, donde se ganaba hasta 70 % por ciento del valor de las mismas, su ejecutor’’.

 Un usurero que aprovechó el atraso de su país

 Trujillo fe un usurero que aprovechó la miseria y atraso de la República Dominicana, para venderle un subdesarrollo regional disfrazado de modernidad, a precio de oro, para su propio beneficio. Además de que el proceso de industrialización de ese país, como todos los de la región, fue para responder a las demandas de un mercado globalizado en un sistema capitalista dominado por los Estados Unidos y las potencias económicas surgidas tras la Segunda Guerra Mundial.
    “La tiranía trujillista fue consecuencia de los males dominicanos. Pero la perpetuación y el monstruoso desarrollo de esa tiranía obedecen a dos razones determinantes: una, que la arritmia histórica de Santo Domingo mantuvo al país al margen de las corrientes capitalistas, lo que le ofreció a Trujillo la oportunidad de convertirse en el empresario de un desenvolvimiento industrial y financiero que ya no podía demorar más; otra, que el clima económico y político internacional creado por el estado de guerra que se adueñó del mundo a partir de la invasión de Etiopía en 1935 le permitió al dictador desenvolver al máximo sus empresas capitalistas bajo un sistema de terror político internacionalmente protegido”.  (Trujillo: Causas de una tiranía sin ejemplo. Juan Bosch, 1959; Octava Edición, Editora Alfa&Omega, Santo Domingo, 2009, 89 pp. Libro electrónico, en: https://www.scribd.com/doc/226174039/Trujillo-Causa-de-Una-Tirania-Sin-Ejemplo).

Se erigió en un semi-Dios indestructible

Lo que Trujillo hizo no fue poner a República Dominicana en el desarrollo industrial, comercial o económico en la región, sino “crear un imperio económico tal, que se hizo el dueño de casi la totalidad del aparato productivo nacional, y prácticamente todo el mundo debía trabajar para él. Así se hizo acompañar de los mejores hombres para las mejores labores y los hombres más crueles para sus miles de actos de barbarie”. (Carlos Báez Brugal, en Acénto; junio 1 de 2018).  Él es actual Secretario General de la Sociedad de Arquitectos (SARD), Arquitecto egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) Diplomado en Construction Proyect Manager. Negocios INCAE y Post-grado en Ciencias Políticas. https://acento.com.do/2018/opinion/8571058-proposito-del-30-mayo-del-2018/
   “La semiótica utilizándose en gobernaciones con letreros que decían que él era único, o cantidad de letreros pintados en las calles que decían que este señor nos daba todo a cambio de nada, o que en todas las casas él era el jefe, o la presencia de su rostro en las cartillas de alfabetización escolares. Todo esto junto a cientos de merengues que en sus letras lo loaban y alababan, erigieron un semi dios indestructible, que se llegó a creer tanto que este país le pertenecía, que fue capaz de tomar las reservas nacionales del Banco Central para ponerlas como garantía de un préstamo que tomó para la compra de sus ingenios azucareros, dejando al país en bancarrota al final de su mandato”. (Carlos Báez Brugal. Op.cit.).

 Su nieto, Ramfis Domínguez Trujillo, regresa como su sombra 

 Recientemente, de visita en Montreal, para promocionar su candidatura al gobierno de República Dominicana, en una breve entrevista con Latitud45.ca le cuestionamos a su nieto, Ramfis Domínguez Trujillo, sobre la dictadura de su abuelo y, molesto,  nos mandó a leer la historia para poder saber lo que le preguntábamos.
   Pues bien, pese a que ya la sabíamos como periodistas e investigadores del contexto de nuestro tiempo, hemos aquí esbozado y demostrado con fuentes documentales e históricas precisas, apenas una mínima parte de esa historia: la de uno de los tiranos cuya dictadura “se caracterizó por ser más descarada, brutal y eficiente que las demás (tiranías latinoamericanas) a su alrededor”.  (Sánchez Barría, Felipe, 2012. Reseña de La seducción del dictador: Política e imaginación popular en la era de Trujillo. Revista de Historia Iberoamericana 5.  24 de mayo de 2013).