Película onírica, surrealista, en el marco del 47 Festival du Nouveau Cinéma * Mezcla las narraciones libres creadas a partir del clásico alemán, con relatos extraídos de los pueblos oaxaqueños.

Por Francisco Ortiz Velázquez
Latitud45.ca / Radio TV Plataforma Multimedia

MONTREAL, 21 octubre 2018.— Dicen que el chico francés que visitó las costas de Oaxaca, México, en particular esta playa, La Escondida, pide quedarse un tiempo; trabaja por comida y hospedaje. Pero al irse deja un raro recuerdo: su sombra...
   A la niña indígena que muere de un piquete de araña le cavan dos tumbas. Una donde reposa y la otra... “Es que tenía dos sombras”, dice su padre entre misteriosos susurros.
   “Mira los átomos. Están chiquitos, pero se pueden ver si te fijas bien”, instruye el anciano (Fausto) al joven frente al mar. Ve el hombre viejo al infinito, hacia el océano embravecido cuyas olas chocan contra las rocas y acantilados. Acaso se ve a sí mismo en este muchacho, antes de pactar con el maligno la juventud eterna.
   El viejo insiste: “Ve, fíjate en el dedo, llévatelo al entrecejo, arriba de la nariz y enfoca con el ojo lo cercano y no lo distante. Cambia el foco del ojo”, es poco más o menos el diálogo. Y, sí. Cuando el chico cambia el foco del ojo, los ve: ahí están, diminutos, “los átomos que andan por todos lados”.
   Las narraciones en la película fluyen como el agua marina que se escurre entre las grietas de los macizos, esculpidos por las olas desde el inicio de los tiempos terrenales. Excelente la fotografía de esta coproducción México-canadiense, Fausto, dirigida y hecha casi por completo (guión, fotografía, sonido, montaje) por Andrea Bussmann, en el marco del 47 Festival du Nouveau Cinéma de Montreal.

Sinfonía de relatos hecha película…

Así van, sinuosas, a veces directas, otras mirando al cielo estrellado, las notas de esta sinfonía de relatos hechos película. Los diversos personajes que los narran son uno mismo: Fausto en diversas edades y épocas.
   Un filme surrealista que por momentos nos lleva a las reminiscencias  de un Buñuel metido en el drama urbano de Los Olvidados. Esa gallina que mira al ciego con su tambor roto por los chicos convertidos en caifanes, es ahora un perro que trata de esquivar las olas que se estrellan en las rocas de la costa oaxaqueña y que de pronto desaparece.
   O un zoológico donde todos los animales son ciegos y cuyo cuidador sólo tiene un brazo.
   La realizadora canadiense Andrea Bussmann nos habla a través de su interrelación de imágenes vertidas a la pantalla como secuencia de sueños y ambientes oníricos para dibujarnos “su” Fausto. Un narrador cuenta toda la película. Es un personaje más. Voces “en off” en toda la cinta remarcan  especialmente la de Fausto y hacen más patente su discurso alucinante.
   Es, Fausto, la encarnación de los personajes de Johann Wolfgan Goethe en hombres sencillos y bronceados de las tierras bajas de Oaxaca, México. O de los mestizos y blancos y extranjeros que llegan a esas playas para recrear las historias, con una cerveza cagüama Indio en mano, que beben a borbotones al igual que transcurre la película en espumoso ir y venir de olas e historias..

Conjuros de una vida asceta e insatisfecha

La selva, la furia del mar, el cielo, el universo confluyen aquí. El viejo de Goethe habla en esta versión al infinito del horizonte oceánico, mientras elucubra quién sabe cuantos conjuros de una existencia asceta e insatisfecha.
   El antro de la bruja donde Fausto bebe con gusto el brebaje para sellar el pacto con el maligno Mefistófeles, para volverse de viejo en joven arrogante, es esta vez la Roca de la Bruja, un breve promontorio de riscos que sobresale de entre la costa y las olas, en forma de cabeza de hechicera.
   Mefistófeles hace el pacto con Fausto y este mismo narra la película, transformado en hombre de todas las edades. Y de muchas lenguas, pues en el filme, Bussmann hace hablar a sus personajes en español, árabe, inglés y francés.
   La película transcurre a veces a ritmo lento, pesado. Hay que abrir bien los ojos y más el alma y todos los sentidos. No hay que parpadear, aunque algunos en la sala de la Cinematheque Quebecoise parecen dormitar.

El hombre que se robó la luna

El giro de un relato al otro hace brincar las escenas y algunos corazones. Otros saltan de su butaca. Como el cuento del hombre que se robó la luna. Arrebatado el relato a Colón, cuando deja sus carabelas al margen de una isla y logró engañar a los nativos de América, para que le traigan  más viandas y tesoros, so pena de hacer enojar a los dioses. O a su Dios. Las cartas de navegación y el almanaque le avisan de un eclipse a de ocurrir en dos días y se aprovecha de estos conocimientos de marino experto para predecir que la luna se irá con él: se la llevará si los autóctonos no complacen sus deseos.
   Al sobrevenir el eclipse, tras una la elipsis, la luna desaparece y los amerindios claman para que él la haga volver. Cristóbal Colón hace como que reza implorando a su Dios, pero deja transcurrir el tiempo y la luna vuelve un tanto tinta en sangre, ante el alborozo de los indígenas.
   Lo mejor: la directora acepta que ha mezclado narraciones provenientes del Fausto de Goethe que ella misma creó, con relatos que los costeños oaxaqueños le contaron durante su estancia allí.
   Bussman juega con todos los elementos de la costa de Oaxaca y de sus hombres envueltos en leyendas mágicas. Y da pinceladas a su obra fílmica, que se desvanece luego de 70 alucinantes minutos.
   La categoría de esta cinta en el Festival du Nouveau Cinéma es “Les Nouveaux Alchimistes”. Y, sí. Es realmente la realizadora Andrea Bussman una de los nuevos alquimistas...
   Afirma la directora en la sesión de preguntas y respuestas tras la proyección: “Para aquellos que no reconocen la historia, el diablo (Mefistófeles) nos está contando sin palabras, la historia de cómo Cristóbal Colón robó la luna. Colón construye una ficción y, a través del engaño del lenguaje, convence a los nativos de la isla ahora conocida como Jamaica, que a través de su Dios tiene el poder de robar la luna. Vemos cómo la ficción, como instrumento de colonización, echó sus cimientos”.

* Para mejor aprecio se recomienda fumar antes de verla, un poco de pot. Ahora que está legalizado en Canadá.

Ficha técnica: Fausto.

Director: Andrea Bussmann (Canadá).
Guión, Fotografía, Sonido, Montaje: Andrea Bussmann.
Nominaciones: Prize for the Best Emerging Director, MÁS. Mejor Director Emergente. Locarno, Suiza.
Premios: Locarno International Film Festival – Filmmakers of the Present: Special Mention.
Productores: Andrea Bussmann, Nicolás Pereda
Coproducción: México-Canadá.
Género: Surrealismo.
Lenguajes: Español, árabe, inglés y francés.
Duración: 70 minutos.
Año: 2018.
Locación: Oaxaca, México.

Avance/Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=bV6rb012EGI