Director: Hayao Miyazaki

Japón, 2013

Nominación al Oscar 2104, mejor película de animación.

Reparto: Hideaki Anno, Hidetoshi Nishijima, Jun Kunimura, Miori Takimoto, Mirai Shida, Morio Kazama, Masahiko Nishimura, Keiko Takeshita 

Reseña fílmica  por Joaquín Alba
http://luzfilmica.wordpress.com/

¿Cuántas analogías pueden mostrarse en la pantalla de plata en 100 minutos? ¿Cuántas metáforas nos permite el lenguaje fílmico? ¿Cuántas creaciones de verdadera belleza nos permitió el cinemascope desde su creación hasta su evolución actual?

   El maestro Hayao Miyazaki  (El viaje de Chihiro, El castillo ambulante)  no se cansa de mostrarnos que la vida y sus innumerables ciclos se manifiestan en la existencia humana y en las actividades primordiales que la llenan y que le dan sentido.

   El anhelo de todo el pueblo japonés de mediados del ciclo XX queda ejemplificado en Jiro Horikoshi, quien fue nada más y nada menos el diseñador y creador del avión caza de combate más celebre del que se tenga memoria: el zero japonés.

   La cinta va más allá de la vida ejemplar de un hombre tenaz y valeroso que sufrió todas las caídas del mundo antes de ver su sueño materializado, alcanza a tocar las almas de un pueblo japonés con una necesidad de creación y un hambre de levantamiento que culminan en la metáfora humana de la superación y del continuo renacimiento de las cenizas.

   Una obra así, un tema así… pero sobre todo… contado de esa manera… sólo podía haber sido hecho por Miyazaki, el viejo maestro de la animación, de los esplendores visuales en la pantalla, de las historias contadas con hilo de nostalgia constante en toda la historia está allí... más vivo que nunca y con un madurar fílmico que nos lleva por un sube y baja de emociones a lo largo de la cinta; si bien la conmovedora narrativa de Hayao siempre nos toca las fibras del corazón con un despliegue de personajes entrañables también nos pasea por las más profundas angustias del ser humano y por alegrías súbitas y risas y sonrisas que resultan de las situaciones más sinceras y honestas de la historia, lo mejor de esto es que ha sido una constante durante la obra maravillosa de Miyasaki.

   La historia de este ingeniero y diseñador aeronáutico japonés comienza desde su niñez, desde la concepción barroca de armatostes de vuelo inimaginables, desde su admiración infantil al diseñador europeo Caproni, desde el sueño perpetuo del hombre de volar y desde el sueño de un pueblo entero de despegar y volar sobre todo el resto del mundo.

   ¿Por qué terminar haciendo aviones cuando tu sueño es volar? Por si fuera poco Horikoshi padece de la vista, lo cual le impide ser piloto y es lo que lo lleva a hacer que lo tenga más cerca de los aviones: diseñarlos. Es quizás esta frustración el inconsciente transportado más sentido y sensible de la obra, es esa misma frustración de un pueblo al haber participado en una guerra inconquistable y que los llevó a sufrir el crimen más grande que se haya perpetuado en la historia por parte del país más imperialista del mundo.

   La creación del zero representaba el furor colectivo del pueblo japonés por sí mismo ya que era la máquina voladora de combate más perfecta de su tiempo y que terminó como único vestigio de orgullo después de la humillación de una derrota de esa naturaleza.

   La cinta resulta también un desfile de pequeños recuerdos de sus películas anteriores, pequeñas escenas que evocan momentos de sus anteriores y esplendorosos filmes ya que la cinta está realizada a manera de despedida y de testamento fílmico, la historia que es también un repaso por las pasiones de Miyasaki nos lleva a ese sentido profundamente humano de ver la vida y a esa historia de amor que acompaña la vida del protagonista y que en este caso no sale sobrando sino que balancea de forma sutil los anhelos del hombre .

   Yo siempre pensé querido lector que al templo del cine japonés le faltaba una de las columnas que lo sostienen;  representando Kurosawa, Mizoguchi y Ozu los tres pilares existentes y ahora complementados esplendorosamente por Miyasaki, los grandes robles que lo soportan están completos

   ¿Cuántos hemos construido nuestro zero japonés para volar sobre el mundo?..  ¿cuántos seguimos buscándolo?  Pero sobre todo, ¿cuántos hemos dejado la vida en hacerlo… o en intentarlo?... o ¿cuántos estamos dispuestos a hacerlo, todavía, a estas alturas de nuestras vidas?…

   Es por “Se levanta el viento” que el cine es mejor que la vida…