Dirección: Rodrigo Sorogoyen. 

País: España.

Año: 2013.

Duración: 90 min. 

Género: Drama, romance.

 Actuaciones: Javier Pereira, Aura Garrido. 

Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen.

  

 Reseña fílmica  por Joaquín Alba http://luzfilmica.wordpress.com/

Muchas doctrinas filosóficas, religiosas y humanas sostienen que el ser humano es malo por naturaleza, que así es,  que así nace, dentro de esa maldad nata se encuentran comportamientos acordes como el egoísmo, la crueldad y ese impulso oculto que lleva a alguien a aprovecharse de los demás y aún a sentirse bien por ello.

Javier Pereira es él, protagonista del cual ni siquiera llegamos a saber su nombre en toda la cinta como si nos lo ocultara, haciéndonos sentir que no podemos confiar en él. El personaje de Aura Garrido lo sabe…  no es de fiar, sabe que algo anda mal pero aun así sigue allí en la danza y juego de la seducción que parece interminable y del cual él conoce todas la triquiñuelas.

La primera mitad de la cinta transcurre en este juego ridículo de seducción con tenor del más exasperante Hollywood en cualquiera de sus bizarrecez de comedia romántica, vemos al más encantador galán de pantalla conquistando mediante subterfugios exasperantes a la frágil e insegura doncella, haciendo hasta lo imposible, hasta lo que nadie haría por convencer a la dama de que está enamorado de ella.

Recuerda amigo lector la frase colonial de principios del siglo XX usada por nuestras abuelas que decía… “joven yo pensé que venía usted con buenas intenciones”, pues es la misma que nos asquea al darnos cuenta de ese egoísmo y crueldad ocultos en las intenciones de alguien que sabemos que nos está engañando y aprovechándose de nosotros... y aún así... lo permitimos.

El filme se transforma en segunda mitad, completamente… dramáticamente... se transforma igual que el personaje de él, que pasa de ser ese príncipe en caballo blanco a ese monstruo medieval detestable... ¿y todo porque? simplemente porque ya consiguió la noche de sexo por la que se esforzó tanto y por la cual tuvo que hacer toda clase de suertes extraordinarias. ¿Qué somos capaces de hacer por alcanzar lo que queremos? Pero más aún… ¿qué es lo que nuestro egoísmo y crueldad nos hace capaces de hacer?... ¿qué tanto haremos simplemente por el gusto de aprovecharnos de los demás?

¿El móvil?... la pasión fugaz y el egocentrismo.

Ella piensa ingenuamente que el enamoramiento del que él hablaba la noche anterior es verdad y busca la relación de pareja… la convivencia, el amor que se puede dar entre una pareja después de una noche de lujuria. Él, fastidiado, exasperado por este comportamiento no encuentra la manera de deshacerse de ella y de sacarla de su departamento, ahora es ella la que quiere quedarse y él correrla definitivamente de su espacio. Todas las debilidades y las inseguridades de ella comienzan a salir en los diálogos entrelazados de manera irritante mostrándolos quizás a manera de justificación del porqué permitió ella todo eso, sabiendo que algo estaba mal, que la estaban engañando, eso que la hace sentir utilizada y después desechada, el saberse burlada y el coraje de haber sido tan tonta para permitirlo.

Estocolmo, el nombre de ese viejo síndrome que nos hace tomarle algún afecto a quien nos está haciendo daño o que queremos que sea como creímos que era o lo que nos hizo creer.

Cinematográficamente no hay nada en la cinta, tomas simples, secuencias de diálogo y planos limitados, casi como ver una novela, combinados con un trabajo actoral pobre y plano en el que los actores  solo dicen sus líneas rápidamente,  violentamente… de memoria y nada más.

Los aciertos de la cinta son la indudable reflexión que nos queda sobre la forma que nos utilizamos los unos a los otros, sobre la forma en que el egoísmo ha tomado por asalto la forma de actuar y de vivir del ser humano contemporáneo y que nos hace creer que ese egoísmo en nosotros es correcto pero equivocado en los demás y el retrato nocturno afortunado, romántico y bello en sus encuadres de un Madrid lleno de seres absortos en sí mismos y nada mas… igual que todas las grandes urbes del mundo.

Es por Stockholm que el cine es mejor que la vida…