Hard to be a god (Trudno byt’ bogom, 2013)

 

 

Dirección: Aleksei German. 
País: Rusia.
Año: 2013.
Duración: 170 min. 
Género: Ciencia Ficción, Drama.
Actuaciones: Leonid Yarmolnik , Yuri Tsurilo
Guion: Aleksei German, Svetlana Karmalita

Reseña fílmica  por Joaquín Alba http://luzfilmica.wordpress.com/

  

 

¿Quiere usted ciencia ficción amigo lector? ¿Quiere quedarse con la boca abierta?.. . Y me refiero a la verdadera ciencia ficción de la buena,  de la de altos vuelos,  de la de obras maestras;  por favor no me remita usted a recuerdos del cine comercial que atiborra el género (vamos, a Blade Runner ó la compatriota Solaris les queda corto el discurso y el recurso) en comparación con los conceptos vanguardistas, avanzados y propositivos de Aleksei Germán.

    El nuevo vuelco de la expresión del cine de arte por parte de Rusia nos regala una obra sui generis, una obra difícil, vasta, explícita, una obra difícil de leer, con un argot cinematográfico de aquel que ya no se hacía desde ya muchos años. En  síntesis, una de las pocas obras maestras hechas en el cine contemporáneo de los últimos tiempos  hecha en un tiempo de filmación inverosímil de 14 años pero que nos muestra que resultó esa ser la única manera de poder plasmar en la pantalla de impresionante novela de los hermanos Boris y Arcady Strugatsky de 1964.

    Por si fuera poco, Germán no llegaría  a ver concluida su obra ya que muere aproximadamente un año antes de que esta fuera terminada, de lo cual se encarga su hijo Aleksei German Jr. y su esposa y co-guionista Svetlana Karmalita.

    Prepárese para sumergirse en una hipnosis hacia los confines de la barbarie del ser humano.

    Don Rumata, jefe expedicionario terrícola ubicado en el futuro comanda al grupo de científicos que llegan al planeta Arkanar para estudiar el comportamiento de una sociedad con un desarrollo equivalente al de la más temprana y atrasada edad media de su propia historia. Su consigna es simple: ver, oír y callar… estudiar y aprender de estos rastros de humanidad y sociedad, pero sin poder interferir en su futuro, decisiones u organización social. O sea, observar solamente como un dios viendo a su creación revolcarse en las contradicciones del libre albedrío.

    Como causa del fin, este líder expedicionario no podrá evitar conmoverse y  tomar iniciativa dentro del panorama de vida de esta sociedad dantesca, lo que llevará la cinta a un final inesperado y una serie de conclusiones que cada espectador tendrá que desmenuzar por sí mismo.

     ¿Cuántas preguntas asaltarán la cabeza del público instruido durante el desarrollo de la trama? ¿Cuánto fango más es necesario para hacernos entender la naturaleza bárbara de nosotros mismos? ¿Cuánta sangre más? ¿Cuánto excremento más?... todos estos elementos serán la constante del componente visual y temático a lo largo de la cinta: la humanidad arrastrándose en su muladar viviendo solamente y nada más.

    La calidad en la cinematografía, la exagerada claridad de la mezcla de sonido, los tintes, los encuadres, el cambio constante de grano en el celuloide durante  14 años de filmación, los matices de luz y la riqueza de los blanco-negro-sepia nos explican por qué tanto tiempo, por qué tanta búsqueda de la perfección visual, logando como resultado un esplendor visual que nos pone en donde el director siempre quiso: en un sueño, en un futuro, o en otro planeta.

     El discurso antisoviético es más que claro en la cinta, así como lo es a lo largo de la obra de Germán, sin embargo no es una crítica de un solo lado, se trata de una crítica de 360 al grados al darnos a entender que las descabelladas ideas del ser humano provienen de su propia incapacidad o su propia falta de evolución, de esta manera la crítica soviética no es una crítica al socialismo, al contrario, nos deja dicho claramente que aunque la humanidad tenga ideas para evolucionar y progresar hacia nuevas doctrinas o formas de vida, es su propia naturaleza bárbara y retrograda la que le impide avanzar y que, paradójicamente, parece hacerlo caminar en retroceso a ese oscurantismo ignorante presente en las sociedades disfrazado de modernidad. El aniquilamiento de la educación y la cultura y el endiosamiento de la banalidad parecen ser el único objetivo que persigue la sociedad arkaniana, la cual en lugar de evolucionar va en un camino de retroceso a un oscurantismo bárbaro y extremista.

    A fin de cuentas el grotesco retrato de esta sociedad retrasada resulta más aterrador e impactante visto desde la óptica del protagonista que juega a ser dios… ¿nos estará viendo a nosotros? ¿Somos en realidad unos retrógrados manipulados por falsos dioses que nos mantienen en esta edad media colectiva sin darnos cuenta? Será que por mucho que nos ofrezcan las claves para el desarrollo seguiremos en nuestra ignorancia  o, lo que es peor,  retrocediendo en nuestra cultura?

    ¿Cuánto más nuestra sociedad se seguirá revolcando en el fango con la conciencia de que podemos evolucionar de alguna manera pero interiormente y por nuestra naturaleza resistiéndonos a hacerlo?

    Es por Hard to be a god que el cine es mejor que la vida…