Dirección: Damien Chazelle 
País: USA
Año: 2014.
Duración: 170 min. 
Género: Musical, Drama.
Actuaciones: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist
Guion: Damien Chazelle

 

Reseña fílmica  por Joaquín Alba http://luzfilmica.wordpress.com/ 

     La primera vez que escuché al cuarteto de Cracovia fue en la esplendía Stormy Monday de Mike Figgis de 1988 y fue entonces que entendí de lo que se trataba en realidad el Jazz, pero aún más el concepto del free Jazz.

   Entendí la innegable verdad de que todo el Jazz es free, es libre por su propia naturaleza y desde su concepción misma, de allí se entiende que cualquier esplendor real en la creación pero más que nada en la interpretación del jazz viene de la perfección que viene del alma… del interior de nosotros o en la perfección de la improvisación. 

   Andrew es baterista, no cualquier baterista sino un baterista de jazz que tiene el sueño de ser el mejor no solo del país sino también del mundo, para esto se esfuerza en ganarse un puesto en la banda de jazz del conservatorio más prestigioso de nueva york dirigido por Fletcher quien que se supone el director musical más rígido y exigente del país.

   El rigor de pesadilla mediante el cual el director musical pretende llegar a la excelencia en la ejecución del jazz pone en sufrimiento intenso a Andrew que se esfuerza hasta la sangre por ser reconocido por el nefasto personaje.

 Whiplash se ostenta como película norteamericana independiente, lo cual nos haría pensar en alguna propuesta fílmica alejada de los cánones de las producciones americanas. Desafortunadamente, no hay nada más equivocado. La película parece una cinta musical pero no lo es. En cambio resulta en una expresión más de las recetas gringas del éxito del tipo:  “esfuérzate y ganaras”.

   Las películas con temáticas musicales funcionan cuando la mancuerna de música y drama  engranan de manera eficiente, cuando el impacto sonoro y musical encajan con la propuesta dramática que aborda la cinta, cerrando así el ciclo nutriente entre ambas expresiones artísticas. En el caso de Whiplash tenemos un drama existencial débil que pretende alcanzar sus picos expresivos con las rabietas, regaños y maltratos, no de un director de orquesta sino de un capataz despótico que intenta meterle el sentido rítmico a un ejecutante con un método casi militar.

   La propuesta cognoscitiva de Fletcher es muy simple, si no tienes talento no puedes hacerlo y si lo tienes entonces ensaya, practica día y noche hasta morir, hasta que domines la técnica y domines su tiempo, no importa si al ejecutante le late el corazón con los platillos, no importa si sonríe con el timbal, no importa si lo excita el tambor… sólo importa la técnica y la práctica;… usted y yo querido lector que sabemos un poco de jazz hemos entendido toda la vida que este género musical es totalmente lo opuesto a dicha perfección del tecnicismo, el jazz es sentir, sentir y sentir… tanto para el ejecutante como para quienes lo escuchamos (y mucho más para quienes son los grandes arquitectos del jazz… sus arreglistas).

   Las alusiones a grandes iconos del jazz es constante a lo largo de la película de manera que nos la pasaremos escuchando citas y hasta anécdotas sobre Charlie Parker, Buddy Rich y Jo Jones, así como suficiente jazz de fondo y encuadre lo que resulta en realidad agradable y da al espectador la sensación de estar en el bar de jazz de su predilección.

   La receta holliwoodeana de “dedícate hasta ser el mejor” que en tantas cintas de temas deportivos nos ha bombardeado hasta el cansancio es la directriz del mensaje de Whiplash enmarcado en otra fórmula recurrente del tipo “al maestro con cariño” que nos lleva del odio hacia el personaje de Fletcher hasta sus ridículas caras de admiración y de complacencia que termina dándole a su gran alumno… su gran creación, su baterista de jazz sublimado en la escena final de cinta.

   Whiplash no es una cinta de jazz, es un filme sobre el abuso y su aceptación, sobre sacrificios fingidos y sobre léderes estetas que en la vida real ya hubieran sido asesinados, eso sí, las mencionadas formulas de cine norteamericano funcionan perfectamente para el público que resulta la presa de esta cacería comercial, los jóvenes en busca de géneros desconocidos (como lo es el jazz en nuestros días) o los melómanos principiantes quienes terminan con la adrenalina desbordada después de la escena final,  también para quienes buscan motivación para levantarse un lunes o simplemente para los villamelones que “dicen” que les gusta el jazz.

   El detalle jocoso de la cinta… una inscripción en la pared de Andrew que dice que si no tienes talento para tocar jazz… terminarás tocando rock.

   Es por Whiplash que el cine es mejor que la vida…