Dirección:Carlos Carrera 
País:México.
Año:
2009.
Duración: 120 min.
Género: Drama
Actuaciones: Damián Alcázar, Giovanna Zacarías, Ernesto Gómez Cruz.
Guion:Carlos Carrera, Silvia Pasternac, Fernando Javier León. 

Reseña fílmica  por Joaquín Alba http://luzfilmica.wordpress.com/ 

 

 

¿Cuánto considera usted amigo lector que debe tenerse congelado un concepto para que pierda validez? Como usted sabrá, la memoria a corto plazo de la sociedad mexicana es casi inexistente presa del ataque mediático para borrar la retención mental. Es así que resulta grato encontrarse con un filme que después de permanecer casi 10 años enlatado y sin estreno debido a cuestiones legales y problemas de distribución (clásico en México). 

   Sin embargo la validez de los temas que abarca De la infancia  permanece fresca y actualizada ante el avance voraz de la descomposición social de nuestro país y del mundo en general. 

Carlos Carrera nos sumerge en una niebla (metaforizando a los nombres de sus protagonistas), una niebla social densa que nos remite a un enfoque lumpen que nos trae recuerdos de Ettore Scola con su Sucios feos y malos de 1976 y que marca de manera contundente la frustración en que caen los intentos de mejora personal de los protagonistas y que se reflejan a nivel macro en la sociedad desposeída mexicana. 

    Basilio (Damián Alcázar) es el jefe de un núcleo familiar concebido, creado y enfocado a subsistir dentro del bajo crimen de la ciudad, un vulgar ladrón que es igual de mediocre en su baja actividad como en su rol de jefe de una familia claramente disfuncional y devorada por la descomposición social traducida en podredumbre personal ya que su misma esposa Sofía (Giovanna Zacarías) ha caído inmersa en estos patrones de robo, infidelidad y falta de esperanza. 

   El elemento de reflexión descansa en una infancia todavía con sueños e inquietudes: el hijo mayor de Basilio Francisco (Benny Emmanuel) se abre paso a través los problemas que acosan a la adolescencia como el bulling, violencia intrafamiliar y los vicios, tratando de encontrarle el mejor rostro a la vida a pesar del mal enfoque en que lo tiene proyectado su propio padre, enseñarle el oficio de bandido de poca monta. La inocencia perdida en la juventud desposeída actual se hace presente en un ambiente escolar de secundaria donde los jóvenes se comportan cada día más como adultos maleados que imitan los comportamientos corrompidos de sus ambientes de desarrollo ya sean el hogar o la escuela, terminando ambos núcleos por ser campos de batalla y supervivencia para los jóvenes endurecidos y de una niñez desesperanzada. 

     Las miradas a los sectores sociales corrompidos de la sociedad como en De la calle (Gerardo Tort, 2001) y Ciudades oscuras (Fernando Sariñana, 2002) se enfocan ahora en la visión infantil que busca de manera creativa encontrar momentos felices y trazos de esa inocencia que les recuerde su edad y necesidad de risas y de amistad. En este aspecto, la empatía entre Francisco y su compañero de clase lo lleva a descubrir que existen otras familias, otras casas y otras maneras de vivir aparentemente mejores que la suya y que al final resultan ocultando una cloaca de abuso infantil y de descomposición familiar simplemente un poco más maquillada y disfrazada de familia feliz. 

    Como buena realización latinoamericana, la cinta lleva una descarga dosificada de realismo fantástico, un fantasma protector de Francisco que lo ayuda en momentos difíciles y que resulta ser un elemento no necesario dentro de los conceptos de la trama pero que resulta como paliativo y descanso al espectador en momentos abrumado por tanta violencia y desesperanza, las visiones imaginativa de los niños con cohetes espaciales que fungen como escapes de sus situaciones más crueles y de los maltratos más acentuados y que, en su imaginación reivindican y perdonan a sus perpetradores (a su padre Basilio principalmente). 

    El personaje de Alcázar resulta contundente, es su mediocridad, su violencia, sus vicios y maldad ya asimilada lo que detonan el efecto cascada hacia los miembros de su familia y hacia las personas que lo rodean, para él estafar a su equipo de trabajo (banda de ladrones), engañar a su mujer (con una amante a la que también maltrata de forma salvaje) y encaminar a su hijo al único camino de supervivencia que él conoce, que es el del hampa, resultan cosas naturales y dignas de ejemplo y que pueden llevarlo en algún momento a mejorar su vida y su nivel económico. 

    La cinematografía en tonos claros da un realismo y a la vez tensionador a la cinta la cual nos plasma el entorno real reflejado en la película con locaciones y tomas tremendamente urbanas de lo que puede ser cualquier ciudad mexicana, lo cual se contrapone con la atmósfera de oscuridad que permanece en las tomas interiores de la casa de la familia de Basilio haciendo una evocación a los ambientes sórdidos retratados en la obra de Ripstein. 

   La crudeza, la bajeza, la descomposición social de una sociedad adulta que permea ineludiblemente a su descendencia golpea de frente al espectador y por momentos lo saca a flote con destellos de humor imaginativo infantil que lo sumerge y lo saca una y otra vez del tonel de agua de las brujas y que nos hace sonar en la mente constantemente la tonada de Mano Negra: “Tu me estás dando mala vida, ya pronto me voy a escapar, por lo menos date cuenta…”

    Es por De la infancia que el cine es mejor que la vida… 

    Para el público canadiense es probable que la cinta se proyecte en cualquiera de los festivales de mayor afluencia de allá (Montreal, Vancouver, Toronto). 

 

De la infancia trailer: 
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