Por Feliciano Chaire Hernández
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El autor es originario de la ciudad de México,
arqueólogo egresado de la Escuela Nacional de
Antropología e Historia, Certificado como Guía
Cultural del Centro Histórico
de la Ciudad de México.
Crédito de fotos: es.wikipedia.org

 

Crónica Norte Artículos Especiales / Latitud45
CIUDAD DE MÉXICO, (CPN/Cultura/7 marzo 2019).— El arte en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea pintura, literatura, música u otra, siempre produce una singular forma de ser de quienes poseen algunos de estos dones. En especial, en el caso de las mujeres, las impregna de pensamientos y sentimientos que las llevan a vivir trascendiendo los patrones sociales tradicionalmente establecidos para ellas, como el cuidado del hogar, la atención al esposo y la educación de los hijos.
   Enriqueta Sontag de Alemania y Ángela Peralta de México fueron dos divas que poseyeron voces privilegiadas para el canto y que complacieron a muchos públicos en variadas épocas y lugares. Nacieron con casi 40 años de diferencia y procedían de lugares distantes y distintos, pero ambas presentan rasgos peculiares y afines que se narran en este escrito.

Enriqueta Sontag cantó la Novena Sinfonía ante el mismo Beethoven

Enriqueta Sontag, cuyo nombre original era Gertrud Walpurgis Sonntag, nació el 3 de enero de 1806 en la ciudad alemana de Coblenza, hija del actor Franz Sontag y de la cantante Franziska Martloff, debido a lo cual pudo recibir una educación artística desde pequeña. Al cumplir los 6 años de edad representó un pequeño papel en la opereta titulada La Hija del Danubio.
   
A los 12 años y tras el fallecimiento de su padre, su madre decidió enviarla a Praga, capital de la antigua Checoslovaquia, en busca del apoyo del compositor Carl Maria von Weber. En 1821 debutó en el teatro de Praga y debido a su éxito tuvo la posibilidad de estudiar en el conservatorio de la ciudad. En 1823 apareció en Liepzeg, Alemania, protagonizando a Agathe en El Cazador Furtivo de Weber.
   En 1824 cantó la parte correspondiente a la soprano en el estreno de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven en el Theater am Kärntnertor de Viena, ante la presencia del mismísimo genio en el pódium y con quien Sontag tuvo ríspidos encuentros con él debido a la exigencia con sus cantantes.
   En 1824 deleitó con su voz en el Kowigstader Theater de Berlín, Alemania y se convirtió en la favorita del rey de Prusia. Por esta época conoció a su futuro esposo, el conde Carlo Rossi. En 1826 abandonó Alemania y se fue a radicar a París para convertirse así en la atracción musical de la capital francesa.
   Este mismo año se casó en secreto con Rossi mientras que él trató de conseguirle un título nobiliario, pero nunca lo logró y finalmente la pareja hizo pública su unión, frente la posición desventajosa de ella ante la aristocracia europea. En 1830 Sontag decidió retirarse del escenario, pero debido a problemas económicos de la pareja conyugal, años después volvió a cantar y a lograr grandes éxitos. 

Llega a la ciudad de México: su tumba

En 1854 Enriqueta fue contratada para actuar en la ciudad de México con el papel de Desdémona en la opera Otelo de Rossini y fue aquí donde también estrenó la Novena Sinfonía de Beethoven. Pero las tierras mexicanas ya le tenían deparado su destino: durante su estancia la cantante, junto con miembros de su compañía, fueron de paseo al pueblo de Tlalpan y al ingerir ciertos alimentos contrajo el Cholera Morbus, que se presenta donde existen condiciones sanitarias deficientes. Después de seis días Enriqueta Sontag falleció en 1854, al igual que varios de sus compañeros.
   Sus exequias se efectuaron en el templo de La Profesa, en el centro de la capital mexicana. Las noticias de ese momento dicen que el templo se iluminó con más de 600 cirios, las columnas del templo se cubrieron con paños de color negro y en el mausoleo se leía Amor y Respeto a la Memoria del Genio del Canto, Enriqueta Sontag, Condesa de Rossi (17 de junio de 1854).
   Se colocó su máscara mortuoria previamente elaborada en yeso por el escultor italiano Piatti, quien radicaba en México. La artista fue sepultada en el famoso panteón de San Fernando mientras se tramitaba su repatriación, en tanto que  su esposo permaneció siempre a su lado. Al regresar a su país natal sus restos fueron depositados en el convento de Merientchel, cerca de la ciudad de Dresden, en donde su hermana menor era monja.

Ángela Peralta, el Ruiseñor de México

Ángela Peralta nació en la ciudad de México el 6 de julio de 1845. Sus padres fueron don Manuel Peralta y doña Josefa Castera, quienes la bautizaron en el Sagrario Metropolitano con el nombre de María de los Ángeles Manuela Tranquilina Cirlina Efrena. La familia Peralta vivía en la calle de Aldaco número 11 en el barrio de Las Vizcaínas, cerca del primer cuadro de la ciudad de México y a pesar de ser humildes ella recibió una buena educación. Desde pequeña Ángela mostró un especial talento por el canto.
   Cuando apenas contaba con 6 años, las vidas de las dos divas que protagonizan este escrito se cruzaron, pues de visita en México, Enriqueta escuchó a Ángela y le predijo un futuro brillante. Dos años después era aclamada tras cantar la cavatina Belisario de Gaetano Donizetti; continuó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México y a los 15 años protagonizó a Leonora del Trovador de Guiseppe Verdi.

Gira triunfal por Europa; la aclama el rey Víctor Manuel

Animada por su padre Ángela emprendió un viaje de gira por Europa, para debutar el 18 de mayo de 1862 en la Scala de Milán con el personaje de Lucía, del compositor Gaetano Donizetti. También personificó con gran éxito La Sonámbula de Vicenzo Bellini ante el rey de Italia Víctor Manuel II, tras lo cual debió salir en 32 ocasiones para agradecer las ovaciones del público.
   Comenzaba así un triunfo rotundo que durante los años de 1863 a 1865 la llevó de gira por ciudades como Roma, Turín, Bolonia, Génova, Nápoles, Lisboa, Alejandría, San Petersburgo, Madrid, Barcelona, llegando incluso a Egipto. Fue bautizada como “El Ruiseñor Mexicano” y el reconocido maestro italiano Francisco Lamperti dijo: Sei Ángela di voce e di nome que significa “eres Ángela de voz y de nombre”.

El emperador de México, Maximiliano, la invita a regresar

El entonces emperador Maximiliano de Habsburgo le pidió a la soprano volver a México para cantar en el Teatro Imperial Mexicano el 20 de noviembre de 1865. Ella aceptó y cuando arribó a su país natal fue recibida con entusiasmo por alumnos de la Academia de San Carlos, intelectuales, músicos y el pueblo en general. Fue nombrada por Maximiliano como La Cantarina de Cámara del Imperio, lo que provocó la ira del escritor Ignacio Manuel Altamiraro, arduo opositor del gobernante austriaco.
   Las temporadas de ópera se prolongaron hasta 1856. Destaca el estreno de la obra Ildegonda del compositor mexicano Melesio Morales; tuvo varias presentaciones, algunas en ciudades de Guanajuato como León y San Francisco del Rincón. En Guadalajara inauguró el Teatro Degollado.
   Sin embargo, ante la inminente caída del imperio de Maximiliano y las críticas que recibía por parte de intelectuales nacionales, regresó a Europa y en 1867 se presentó en España e Italia. En Madrid contrajo matrimonio con su primo, el literato Eugenio Castera. Después de cuatro años y medio regresó a México, el 6 de mayo de 1871 y continuó su carrera. El escritor Manuel Acuña le compuso el poema “Al ruiseñor mexicano”, mientras la prensa la aclamaba como la más famosa y querida artista.
   En 1876 su marido enfermó y falleció mientras estaban en París y para ese entonces se hizo amante de su administrador Julián Montiel y Duarte, lo que no le perdonó la sociedad mexicana y moralista de la época.
   Al volver a México retomó sus giras por Querétaro, Celaya, Aguascalientes, Zacatecas, Guanajuato, San Luis Potosí, Morelia, Monterrey, Saltillo, Durango y La Paz. Durante un viaje a Mazatlán, Sinaloa, para cantar en el Teatro Rubio, la cantante contrajo la fiebre amarilla y falleció, pero no sin antes celebrar en su lecho de muerte la boda con su amante Julián.
   Treinta y cuatro años después sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores en la ciudad de México, donde yace hasta la actualidad.

Ambas desafiaron el rol social y moral de su época

Estas dos mujeres destacan en la historia de la música y especialmente de la ópera, de México y el mundo. A pesar de la diferencia de edades su existencia se cruzó por un momento y las dos fueron sorprendidas por la muerte en tierras mexicanas. Pero más que eso, lo que da paralelismo a sus vidas es que ambas se valieron del don de sus voces para atreverse a desafiar el rol social y moral destinado a las mujeres de su época, pues cambiaron la comodidad de un hogar y la maternidad para perseguir con plenitud sus sueños. 
   Enriqueta Sontag  y Ángela Peralta merecen recibir homenajes , porque la lucha por los derechos de las mujeres se construye no sólo con base en el martirio de algunas, sino también con el éxito de otras. Y las mujeres triunfadoras merecen nuestro reconocimiento y aplauso, hoy y siempre. 


Bibliografía:

“Ángela Peralta” en Enciclopedia de México, tomo II, SEP, México, 1988.

López, Sergio. El Teatro Ángela Peralta de Culiacán Rosales: de trenes, tedio y espectáculos a fines del siglo XIX, Instituto Sinaloense de Cultura/INBA-CITRU, México, 2010.

Olavarría, Roberto, México en el tiempo: el marco de la capital, Talleres Excelsior, México, 1946.

Snowman, Daniel. La ópera, una historia social, Fondo de Cultura Económica, México, 2012.


Artículo publicado gracias a la colaboración de la dra. Eva Leticia Brito, coordinadora de esta serie de difusión cultural y del consejo editorial: María Eugenia Márquez, Arturo Batarse, Antonio Machuca, Yongseok Noh y Mauro Huerta, bajo la dirección de Rubichelo Monde.