Enfrentamientos entre galeones españoles y piratas ingleses en Veracruz     (https://www.infobae.com/america/mexico/2018/09/22/el-tragico-final-de-los-piratas-john-hawkins-y-francis-drake-en-el-puerto-mexicano-de-veracruz/)

Un acta de matrimonio de 1730 nos revela a detalle una historia desgarradora, pero muy ilustrativa. Un relato que nos lleva de la mano a explorar esos rincones de la historia que la bruma de la modernidad nos impide ver, pero que la sentimos; de esta forma, esta historia nos deja oír el grito de los nativos, la euforia de la libertad, nos ensordece el disparo de los cañones y nos hace sentir el peso de una cruz impuesta.

 

Armando Rosado Cel 
Licenciado en Ciencias Patrísticas en el Instituto Augustinianum
de Roma, Director del Archivo Histórico de la Diócesis de Campeche
"Monseñor Francisco Plancarte y Navarrete", Presbítero Párroco de
Santa Ana en Campeche Cette adresse e-mail est protégée contre les robots spammeurs. Vous devez activer le JavaScript pour la visualiser.

 

El antiguo puerto marítimo de Campeche

Son ya casi 500 años de la fundación de la villa de San Francisco de Campeche, acontecida el 4 de octubre de 1540, por Francisco de Montejo “El Mozo” y un grupo de españoles en busca de fortuna. El centro histórico de la ciudad mantiene los cimientos de aquellos orígenes lejanos donde la primera parroquia católica comenzó a dar servicio bajo la devoción de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. No muy lejos de la villa española, donde los colonos mayas vivían antes de que llegaran los conquistadores extranjeros, comenzó a establecerse un nuevo barrio: San Francisco, que estaba bajo la guía espiritual de los frailes de la orden menor franciscana. Este barrio fue sede de la otra parroquia que solía funcionar en aquellos días.
   El aumento de la población llevó a la fundación de nuevos barrios aledaños a la villa hispana. Tal fue el caso de San Román, un asentamiento de indígenas del centro de México llevados por los españoles a aquel lugar y el cual todavía hoy es famoso por su venerable Cristo Negro, de tamaño natural, que llegó a Campeche en 1565. Al otro lado de la villa, los alrededores de la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe conformaban el barrio de Guadalupe, que más tarde llegó a tener una importante población proveniente de las Islas Canarias de España. 
   El barrio de Santa Ana surgió como una congregación de mayas esclavos de los españoles, aunque no eran la única minoría a su servicio, también había población negra. Aunque el documento eclesiástico más antiguo (un libro de bautismos de indios, sirvientes, negros, esclavos y mulatos) menciona que este barrio data de 1652 y el documento civil más conocido (un informe del ataque que perpetró el pirata inglés Lewis Scott) refiere que su origen es de 1678, parece que ya existía desde las últimas décadas del siglo XVI (Rodríguez, 2015: 24). Pero el hecho es que había varios asentamientos pequeños en el área, Santa Ana Holcá, Santa Ana Bolonchén, Hecelchakanillo y Naboríos, que una vez fusionados crearon el barrio que sobrevive hasta la actualidad.

   Ubicado en un punto estratégico de la península de Yucatán y debido a su condición marina natural, el pueblo de San Francisco de Campeche se convirtió en el puerto más importante de la capitanía general y el gobierno de Yucatán, compitiendo en las áreas comercial y económica con la metrópoli que era Mérida (Calderón, 1984: 253). Su relevancia fue creciendo gradualmente como un puente marítimo entre Nueva España, el Caribe y Europa, que se usaba para que personas, ideas, mercancías y dinero cruzaran los océanos.
   El nuevo estatus y creciente prestigio del puerto incitaron a los piratas a perturbar la suavidad del mar para obtener sus tesoros. Desde fechas tempranas los piratas, a menudo patrocinados por potencias occidentales que estaban en contra de la realeza española, desembarcaron en las costas de Campeche y cometieron todo tipo de estragos, como destrucción, robo, sacrilegio, violaciones, secuestros y asesinatos. Los ataques se perpetraron solo unos años después de su fundación, inicialmente causados ​​por los piratas franceses. 
   Fray Juan Izquierdo, obispo de Yucatán (jurisdicción eclesiástica a la que pertenecía Campeche) informó al rey de España sobre el estado que mantenía el obispado el 19 de junio de 1599, escribiendo una carta en la que declaró el sufrimiento de los campechanos en ese momento. “No vale la pena crear una nueva iglesia, ya que siempre estamos bajo el peligro de nuevos ataques y saqueos del enemigo… dejaron nuestra sacristía vacía, sin ornamentos y cáliz santo, incluso el santuario donde se encuentra el Santísimo Sacramento, toda nuestra iglesia está en peligro y, por esa razón, creo que no se gastará dinero en esta aldea, ni siquiera para iglesias u ornamentos, ya que todo estará en gran amenaza y una vez que roben todo lo que tenemos, no habrá más remedio que destruir el templo como lo han hecho en otras tierras” (AGI, México 639).
    Estaba hablando claramente de las terribles consecuencias dejadas por William Parker y sus secuaces ingleses en 1597.
Las incursiones del enemigo aumentaron en el siglo XVII y obligaron a fortificar la villa dando su fisonomía actual. Lamentablemente, entre el robo y los incendios, los documentos que atestiguaban su historia durante un siglo, dejaron de existir para siempre. El documento más antiguo que se logró preservar, un bloque de actas sacramentales de la parroquia de la Inmaculada Concepción, data de 1638 y está resguardado en el Archivo Históricos de la Diócesis de Campeche “Monseñor Francisco Plancarte y Navarrete”.
   El enemigo no sólo tenía la vista en la villa de San Francisco de Campeche. Para contrabandear el “Palo de Tinte” o “Palo de Campeche”, que era tan apreciado en Europa, los corsarios ocuparon por primera vez la Isla de Términos en la segunda mitad del siglo XVI, la que se convirtió en su centro de operaciones completamente libre de las autoridades y milicias de España.
   La posesión pirata terminó cuando los españoles y campechanos bajo el mando del sargento Alonso Felipe de Andrade, alcalde de Veracruz, expulsaron a los enemigos definitivamente el 16 de julio de 1717. Su triunfo lo atribuyeron a la Virgen del Carmen, la Santa Patrona de la Armada Española, que desde entonces dio nombre a la Isla y que en ese momento pertenecía al Obispado de Yucatán bajo la tutela de Juan Gómez de Parada (1715-1720).
   La vida cotidiana pasó a la calma en el siglo XVIII: en el campo económico, una aportación comercial relevante de Campeche fue la sal, cuya industria llegó a tener mucha importancia. La explotación de la sal ya existía desde la época prehispánica en el litoral yucateco que ahora es conocido como Celestún, pero en la época colonial tomó un impulso notable. A principios de los años 1600 los bancos salinos que quedaban ya habían sido abatidos por los pueblos indígenas mayas de Calkiní, Dzitbalché y Maxcanú, y en la década de 1720 la participación indígena se concentró en el trabajo forzado para la colección de minerales (Cortés, 2012: 117).
   El cronista fray Diego López Cogolludo afirma que al principio la recolección de sal era para quienes la necesitaban, pero luego, a principios del siglo XVII, la corona española la acaparó y comercializó con ella. Sin embargo, en 1609 el rey Felipe III ordenó que la recolección volviera a ser gratuita (Cogolludo, 1996c: 21). Esta situación cambió al final del siglo XVII cuando el comercio y el transporte de este producto fueron liberados y acaparados por particulares locales, pero en las primeras dos décadas del siglo XVIII y ante el exceso de impuestos a pagar, el negocio pasó a los comerciantes en la ciudad de México, capital del virreinato (Escamilla, 2003: 655). La sal se recolectaba en piscinas naturales ubicadas en la costa norte de Campeche, parte de la producción permanecía en la península de Yucatán y el resto se enviaba por mar a otros lugares.

 

 Localización de la villa de San Francisco de Campeche (http://elsenordelhospital.blogspot.com/2010/05/de-cuando-la-fundacion-de-la-villa-de.html)

 

La historia de los cautivos

La vida diaria de la gente de Campeche estaba fuertemente marcada por el aspecto religioso, sus tareas ordinarias determinadas por el itinerario de fe estipulado por la Iglesia católica. ¿Si una persona nacía? él o ella debía ser bautizado; ¿si era domingo? estaba previsto que asistiera a misa a uno de los templos; ¿alguien estaba enfermo? la familia tenía que asegurarse de que obtendría ayuda espiritual de un sacerdote; ¿si alguien cometía una ofensa? debería confesar y hacer penitencia; ¿si alguien quería comenzar una nueva familia? la bendición nupcial era necesaria. Y para recibir estos sacramentos había un proceso a seguir, así como algunas condiciones que cumplir. 
   Por ejemplo, los que querían casarse tenían que someterse al párroco y demostrar, con la ayuda de testigos, la ausencia de impedimentos canónicos para contraer matrimonio eclesiástico. 
Todo lo anterior se registró meticulosamente en los libros parroquiales que siglos más tarde se han convertido en valiosos testimonios de la vida cotidiana de la localidad. Y es así es como hemos llegado a conocer el caso de Francisco Cocom y Pascuala Poot, cuya información matrimonial recopilada en 1730 nos remite a diferentes temas, como la presencia de los mayas nativos en el distrito de Santa Ana y su trabajo como recolectores de sal, el deseo de contraer matrimonio de una viuda y un viudo del barrio, la presencia y la acción de los piratas ingleses, el nombre de los lugares existentes de aquellos tiempos y el drama vivido por quienes fueron testigos de esos actos.
   Nuestra historia inicia el amanecer del 7 de enero de 1730 cuando Francisco Cocom, un vecino del distrito de Hecelchakanillo y cuya esposa, Manuela Pantí había fallecido nueve años antes, y Pascuala Poot, del distrito de Santa Ana, cuyo esposo José Collí había fallecido diez u once años antes, asistieron a la parroquia de la Inmaculada Concepción (antigua parroquia española y actual catedral) que tenía la jurisdicción del barrio de Santa Ana. Fueron recibidos por el sacerdote Manuel José de Nájera, a quien le expusieron que querían casarse en segundas nupcias, pero la condición para hacerlo era que tenían que demostrar que estaban realmente viudos con el fin de que no hubiera impedimentos canónicos. Para hacer eso posible, ambos tenían que presentar testigos que darían fe de su viudez al sacerdote.
   Las declaraciones de Francisco Noh, Pedro Balam y Francisco Poot, testigos del futuro novio, no tienen relevancia histórica. Pero los de Juan Dzib y su hijo Juan Antonio, testigos de la novia, resultan interesantes. Los Dzibs, vecinos del barrio de San Francisco, habían conocido al esposo de Pascuala, José Collí, porque habían trabajado juntos como recolectores de sal en el rancho de un tal Pedro Manuel.
   
El testimonio del Sr. Dzib y su hijo recita que un cierto día abordaron sus canoas hacia las salinas de Pedro Manuel. Una vez concluida la jornada laboral regresaron al mar en canoas con el resto de los indígenas que trabajaban en ranchos cercanos; en total eran unas 60 personas. Navegaban sin problemas hasta que vieron un balandro que se acercó y los capturó: eran piratas. Se trataba de un grupo de unos 40 ingleses en retirada tras sufrir una derrota en La Isla de Términos: hombres heridos y un barco dañado.
   Posiblemente este grupo de ingleses formó parte de los 300 piratas que pretendieron tomar la isla con tres balandros el amanecer del 16 de julio de 1717, pero gracias al coraje y la inteligencia estratégica del Sargento Mayor de Veracruz, el sr. Alonso Felipe de Andrade, fueron definitivamente expulsados ​​del lugar y, como ya se mencionó, desde entonces quedó bautizado como Isla del Carmen (Cantarell, 2003: 99).
   
Una vez capturados los nativos, acompañados por Bartolomé Blanco quien estaba a cargo de las canoas de don Pedro Manuel, los ingleses, en lugar de continuar su viaje a la villa y puerto de San Francisco de Campeche, llevaron a sus cautivos a la prisión ubicada en la región Noreste. Bordeando la costa norte de la península de Yucatán pasaron por el famoso cabo Catoche, navegaron en el Caribe mexicano y se detuvieron en una pequeña isla llamada Contoy, que a menudo se nombra como "Isla de Cuntó" (Cogolludo, 1996b: 260).
   En Contoy los ingleses bajaron a cerca de 40 prisioneros debido a un exceso de peso y daños que había sufrido el casco de su embarcación. Siete ingleses también descendieron para vigilar a los prisioneros, a quienes se les ordenó capturar tortugas para que ellos y el resto de la tripulación, que habían ido más al Sur, a Isla Mujeres, para hacer las reparaciones necesarias, pudieran comerlas. Pasaron varios días con suficiente comida y agua para todos: cada 24 horas los piratas daban de beber y comer a los cautivos. Pronto, el calor, la falta de higiene y la mala preparación de los alimentos causaron problemas: cuatro de los nativos, incluido José Collí, se enfermaron y comenzaron a vomitar después de comer una tortuga mal cocinada. En menos de 24 horas murió José Collí junto con otro prisionero. Sus compañeros se vieron entonces penosamente obligados a enterrarlos en las arenas de la isla Contoy.

Localización de la Isla de Contoy (https://www.lonelyplanet.es/america-del-norte-y-central/mexico/itinerario/riviera-maya-y-la-costa-maya)

 

   Pasaron los días y algunos de los prisioneros, hambrientos de libertad, comenzaron a pensar en escapar. Aprovechando el hecho de que cuatro de los siete vigilantes ingleses estaban en la montaña, los Dzib y otros diez nativos, todos amigos y vecinos del barrio de Santa Ana, construyeron una balsa con palos y se lanzaron al mar. La historia recopilada por el sacerdote Nájera fue, de hecho, bastante interesante. ¡Qué trágico debió haber sido para aquellos cautivos que se quedaron en tierra! Fue un adiós inevitable porque ellos, sin saber nadar, no podían correr el riesgo de escapar y tuvieron que resignarse a continuar como prisioneros. El viento y las corrientes marinas hicieron su trabajo, alejando a las 12 tripulaciones de las costas de Contoy. La desafortunada pérdida de dos nativos que cayeron al agua y se ahogaron ante la vista de sus angustiados compañeros fue inevitable, pero tenían que dejarlos ir o perecer ellos mismos. ¡Qué terrible decisión!
   Los otros diez fugitivos, incluidos los hombres Dzib, finalmente llegaron a tierras continentales, a un pequeño pueblo llamado de la Virgen María Nuestra Señora de ¿Homhem? (escritura difícil de leer en el documento original), que posteriormente fue abandonado. De ahí caminaron hasta llegar a un pueblo llamado Yantunil en donde un teniente escuchó la historia de su escape y los apoyó para que pudieran continuar su viaje hacia Chikindzonot, de ahí a Mérida y luego a la villa de San Francisco de Campeche.
   El viaje fue duro: solo ocho de los nativos regresaron a casa; en total, cuatro murieron. Una vez en Campeche, el padre e hijo Dzib y sus otros seis compañeros (que ya habían fallecido cuando se escribió la historia en 1730) vieron a Pascuala Poot y le contaron cómo murió su esposo José Collí y enterrado en las arenas de la isla de Contoy. 
   Esta historia se conserva en siete páginas del "Libro de informaciones de S. Anna, Navorios y Xecechekanillo..." en el Archivo Histórico de la Diócesis de Campeche “Monseñor Francisco Plancarte y Navarrete” (AHDC, 56, 1158, 60). Pero no termina aquí, el final narra cómo los testimonios dados al sacerdote Nájera en enero de 1730 y después de las respectivas advertencias eclesiásticas, permitieron que Francisco Cocom y Pascuala Poot se casaran en la capilla del barrio de Santa Ana.

 


Bibliografía

Alcocer, J., 2010, Arquitectura religiosa en Campeche (siglos XVI-XX), Multiimpresos, Campeche.

Brito, E. L., 2007, La historia de la catedral, Gobierno del Estado de Campeche, Campeche.

Calderón, J., 1984, Fortificaciones en Nueva España, Gobierno de Veracruz, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Madrid.

Cantarell, D., 2003, ‘El desalojo de piratas y la fundación del Carmen (1710 a 1723), en Piña, R., Enciclopedia Histórica de Campeche. Época colonial. Tomo VII, pp. 89-112, Gobierno del Estado de Campeche-Miguel Ángel Porrúa, México.

Cortés, I., 2012, ‘Aspectos agrarios de la producción de sal en Yucatán en el presente neoliberal’, Temas antropológicos, Revista científica de investigaciones regionales, vol. 34, Núm. 2, Universidad Autónoma de Yucatán, pp. 101-127.

Escamilla, I., 2003, ‘Campeche en la monarquía española (1700-1746)’, en Piña, R. (dir.), Enciclopedia Histórica de Campeche. Época colonial. Tomo II, pp. 641-674, Gobierno del Estado de Campeche-Miguel Ángel Porrúa, México.

López, D., 1996, Historia de Yucatán, H. Ayuntamiento de Campeche, Campeche, tomos II y III.

Ortiz, J., 2015, ‘La piratería en Campeche’, Lienzo. Crónicas Municipales, Septiembre, pp. 4-14.

Pérez, J. de D., 2000, Diccionario geográfico e histórico de Campeche, Gobierno del Estado de Campeche, Campeche.

Piña, R., 2001, Campeche durante el período colonial, Multiimpresos, Campeche.

Rodríguez, E., 2015, ‘Santa Ana, barrio tradicional de Campeche. Asentamiento de naborías, mexicas, mulatos y congregación de indígenas mayas durante el siglo XVI’, Lienzo. Crónicas Municipales, Enero-Marzo, pp. 20-24.

Archivos

Archivo General de Indias (AGI), México 639.

Archivo Histórico de la Diócesis de Campeche (AHDC), Sacramental, Matrimonial, caja 56, registro 1158, título 60, ff. 38r-41r.