Por David O. Ben-oni

No pude dormir anoche por el café… sí, el café de tus ojos me impactó de tal forma, que no puedo quitármelo de la mente desde la mañana de solsticio, pero especialmente ayer, el impacto de las palabras, de los deseos y sentimientos, el impacto de las imágenes, de las re vestimentas de manzanos, olivas y uvas, el deseo por casa, y los sabores de casa… no puedo dormirme, además desde que vi la primera luz supe que había dormido mucho tiempo; procuro mantenerme pues despierto, pero desde aquella mañana de diciembre en que buscaba desesperadamente la jornada y leí su mensaje, procuro mantenerme despierto ya no sólo al mundo y sus necesidades que me gritan: ¡lucha¡, sino también a las suyas que me gritan: ¡ama!, y amo, amo su nombre, su boca, su conversación, sus deseos velados y develados, amo su sonrisa, su humor, su maestría, sus historias, sus celos velados y revelados tenuemente, amo sus manos y su capacidad por construir, amo el café de sus ojos profundos y mágicos que me atrapan, que me vencen, que me derriten y a los que me entrego… por tanto no puedo dormir por el café, sí, el café de sus ojos…

         Alguna vez me dijo el hermano Ruiz Ponce, que si contamos historias como esta, los pobres mortales tienden a imaginar que no son sino delirios esquizoides, puesto que los muggles no pueden entender y aceptar que la magia existe, pero no la magia de trucos y engaños a los sentidos, no; sino la magia de verdad, esa que es una espiral continua y ascendente en el mejor de los casos, descendente en el peor… en este caso asciende, cuando menos eso creo y me gusta creer, pero me mantengo alerta y despierto, puesto que hace un tiempo, cada vez que creí que era así pasaba algo que me situaba en la realidad y me dejaba parado en la noche fría a la entrada de un edificio al que no hubiese ido sino a sembrar en él una bomba, pero no llevaba bomba, sino un ramo de rosas que hoy están secas y esperando a que me bañe con ellas y la miel y la canela que comúnmente usaríamos en Hannuka para preparar las manzanas que habremos de comer por tradición… pero me perdí de nuevo, y es que hay tantos antojos últimamente, pero retomemos el hilo, no el mismo, pero otro hilo que me permita retomar el sentido…

         Ah, sí… el hermano Ruiz Ponce me había dicho que los pobres mortales jamás entienden que nuestras vidas están llenas de magia, que por ende, nuestras historias tiende a ser tomadas por ellos como delirios esquizoides que tenemos que aprender a justificar ligeramente; por tanto, si queremos contarlos con el objeto de enseñar a los otros que la magia existe, tenemos que aprender a plantearlos de esta manera, literal, sí, pero literariamente; así, creerán que sólo es un cuento o a lo más una novela, es decir, un delirio esquizoide, pero justificado, y con suerte, bellamente logrado… por tanto, y sabiendo de cierto cuánta razón tiene, aun cuando sólo sea en esto… esto no es más que un cuento, que cuento y recuento porque anoche no pude dormir gracias al café… sí, al café de tus ojos…

         Recordamos aún las primeras palabras que desataron todo en nosotros: “… me dejó” y la dejé… algo así por el estilo, inbox e inbox y ya estaba en la baba. El periódico, ni siquiera lo recordé, las muertes y desapariciones… quedaron en segundo plano después de quince años en que las buscaba continuamente, además de la acumulación continua de pruebas y más pruebas de explotación humana que justificasen nuestras acciones, que nos diesen sentido congruente, que nos permitiesen planificar el golpe maestro que todo habrá de cambiar; y no se ha perdido, pero tus palabras, tus palabras están ahora por encima de todo, y contigo y junto a ti la de los peques que siempre han estado, pero que ahora no sólo marchan a la transformación, sino a reencontrarnos con la vida que aquella traidora inoperante nos había arrebatado. Y es que ahora ya no sólo tengo motivos para querer dar la vida por el bien de los todos que aun conociendo en esencia no conozco en sustancia, y es que ahora tengo motivos hasta para conservarla. Todo ha variado, por ejemplo, he leído un poco de menos libros, pero he leído un mucho más de letras, te leo y te veo, y de pocos días hacia acá, te leo y te escucho y veo… ahí estas, sonriente y oliendo a rosas, a coco o fresas que no puedo oler, pero puedo imaginar… pero te veo, te veo sonriente y sabiéndote manzana, olivo o uva y te deseo, te deseo no sólo en el deseo mundano; te deseo en el tiempo y espacio infinitos, a mi lado y yo al tuyo; te deseo feliz y a salvo; te deseo conmigo aunque no para mí; te deseo aprendiendo y enseñando; te deseo madre cariñosa, mujer íntegra y preciosa; te deseo a salvo de las garras de la fiera y te deseo a merced de esta fiera en que se convierte quien escribe; te deseo porque te antojas uva, oliva y manzana con canela y miel torrecita bendecida, Hannuka privado de las noches de desvelo que el café, sí, el café de tus ojos producen…

         Y entonces, ¿quién puede negar que la magia existe? Quizá solo los primates mono neuronales, o algo así es como sueles llamarles, aunque en fechas recientes hemos cambiado las palabras y ya solo solemos llamarles muggles… como hemos cambiado más palabras y ya no suelo como otrora decir, robado de ti por cierto, caramelos y bombones, sino besitos chiquitos, sin prisas, mordiditas y caricias claras y específicas que transportan a mundos nuevos…

         Y sigo perdido en el café de tus ojos que no puedo ni quiero, como las flores, las montañas y bosques, sacar de mi mente, en donde les he dado un lugar especial que cuido y atesoro… quizá porque es café y son tus ojos, no, sé que no, es porque son tuyos, son de escriba, son magia, son de amor que alguna vez me miró con tal intensidad que me venció, por fin, de ojos a ojos fui vencido y atrapado, por fin alguien después de tanto, me toma y me enseña que hay más, sabía que hay más, pero ¿en dónde? Y tú lo tenías y te he encontrado…

         Quizá tu origen tan cercano al mío, quizá porque aun cuando no quisiera, pareciese que todo, el todo, nos acerca, y los pocos, muggles mortales y aberrantes nos separan, y te dejaste, la primera vez te dejaste separar de mí, no lo sé de cierto, pero lo intuyo; pero uno sin el otro está vacío, no pudimos y aquí estamos uno con el otro con incertidumbre, pero juntos… quizá hasta más juntos que nunca, porque ya aprendimos a hacer a un lado a los otros, los que sin saberlo, desean lo que ven que otros pueden y saben construir… y los que de mi lado lo intentaron, quedaron así, a un lado, desplazados y sin sentido, porque de mi lado también lo intentaron, sin duda, pero aquí seguimos, en secreto, pero aquí estamos…

         A veces no lo entiendo, pero lo acepto, el mundo es así… vivimos en un mundo tal, en donde la guerra se muestra a plena luz de día, la muerte y la conflagración y la atrocidad son anuncio y espectacular… pero hacer el amor nos avergüenza y lo escondemos, nos apena, nos hace sentir incomodos e incomoda a los demás… mi única pregunta al respecto es, ¿entonces habremos de acostumbrarlos? No lo sé, pero prefiero amarte y perderme en la inmensidad de tus ojos cafés, que no tenerlos y que dejen de mirarme…

         Retomando, no pude dormir por el café de tus ojos… porque al verlos y sentirlos, se desata en mí el deseo de revivir las caricias del solsticio, de esa resurrección a los tres días del sol invictus, de sus rayos que llenaron mi alma de deseo de vida y me recordaron no entregarme y vencer en la batalla por los más sin dejar de ser los menos, pero vivos y prestos a la guerra, sí, la guerra, pero una guerra diferente, no convencional pero de liberación…

         Hacia fuera, la contra la explotación, ¿pero hacia dentro? Y ahí me llevaste, hacia adentro, a reencontrarme, a buscar lo que hace un tiempo había dejado de lado en favor de todos, pero en contra mía, que ironía, me sacrifico y nadie se da cuenta, pero me corregiste, de nada vale sacrificar, de nada valen los sacrificios, sólo hay que dejarse ir y fluir, fundirse en el todos y construir un mundo nuestro… y tú eres las constructora, yo el filósofo, así que ayúdame, planea, hagamos y lo pensaré después, como en la monita, sin pensar, sin oír, sin ver…

         Pero pensamos y nos quejamos dices, y dices que te hizo feliz, pero ¿y el hacer? Oh bendita prudencia que sirves de pretexto para no arriesgarse, pero te reto, haz, haz lo que debes y puedes, o bendita torrecita de arbustos inmortales y constelaciones “w”, haz lo que quieres y ayúdame a reformarla, sí, reformarla, es decir, volvamos a darle forma no importando los desvelos, te cuento las historias que por acá no se conocen ni quieren conocerse puesto que si así fuese, no podrían negar que son apócrifos, adúlteros de la inteligencia que en la razón del pensamiento se troca en insurgencia de un pueblo sediento de justicia y paz… porque el hambre es nuestra y no la compartimos, estamos hambrientos noche a noche del tú y del yo, de los cuerpos agazapados y sin patetismos premórticos, del vamos a la cama y demos rienda suelta al saborearnos sin siquiera tocarnos, quizá no por no querer, sino por el no poder ahora, solo quizá, puesto que al tenernos, solemos ser tan diferentes, quizá porque temes mucho al qué dirán, no lo sé, solo sé que yo me contengo, porque me dices prudencia ante la inconsecuencia de otros no nosotros, hipócritas que te limitan sin conocer su hacer, inconscientes, ¿quizá? Pero muggles disfrazados de magos, eso sin duda… y aquí sigo, sin dormir por el café, sí, el café diario de tus ojos que mi alma llenan de sueños y esperanzas, que descubren que me encelan porque un cuasi niño te hace feliz con sus quejas y miedos irracionales a las velas y los espejos, porque te endulza con las quejas que parecen compartir, sin develar las razones que evidencian ignorar… pero aquí seguimos, satisfechos y embebidos, en mares de placeres adormecidos…

         Porque te lo he intentado plantear por meses pero poco me has escuchado, después de los mil setecientos los cristianos y remedos infiltraron nuestra orden y constituciones hicieron, les preocupaba que la república fuese de nueva cuenta planteada, pero no nos destruyeron, hubo los quienes perseverando lograron derrocar las monarquías e independizar a los estados, reformar la ley y separar iglesia, educación justicia, y la obligatoriedad del diezmo y de la misa… no somos los mismos, esa es la razón; somos los que somos y ellos son la apoplejía apologética que niega la genética y alza cantos y odas al altísimo sin referente semántico… nosotros, los que buscamos la verdad y el humano progreso, con o sin el rezo, desvelados y velados en el café de tus ojos… hagámoslo juntos, te lo ruego, acá avanzamos a lo rústico pero estrechamos la cadena… ¿Qué quieres, oh, mi nena hermosa, a fresas olorosas, si no el esfuerzo que te libere de ese taller acomplejado de la farsa inmerso? Yo te digo lo que quiero, miel y canela, mieles de ti que provoco emanen con la lengua y con la pluma, con caricias que siendo una, te comen y digieren, te provocan y sugieren que tiembles y des no una sino cuatro o cinco oportunidades de lo mismo que sin ser iguales que no es lo mismo, pero es igual…

         Apoteosis princesa sin ser conscientes, pues tu dormías y yo no sabía lo que en sueños vividos y bastos hacía, hemos alcanzado; nació de ti, pues yo lo vi, tú me lo mostraste… no desde el café de tus ojos, sino desde el blanco de la crestería… pero no dormía, a tu lado estaba, desnudo y extasiado, pues habíamos terminado de explorar el tú y el yo sin límite, sin prisas y en parsimonia, con besitos y mordidas, con crecientes olas de vida de donde nació un universo que desnudos visitamos, a detalle contemplamos y noche a noche reproducimos sólo para nosotros aun cuando los otros interrumpan, y me regañes si te pregunto si necesitas espacio, y me muestres el respeto que me das al no pedirme ni dejarme que me ausente, pues mi nena no me miente, y la amo, sí, la amo; para toda la vida, la cuido y la escucho, y me enseña y ahora, me escucha y parece atenta, espero se dé cuenta que no es la institución sino los peleles que ella creía jamás le mentían, pero son lo que son…

         Pero me ama, y la amo… y la confianza crece, y nos damos rienda suelta, las palabras fluyen y evocan lo que deseamos… y sigo sin poder dormir por el café, sí, el café de tus ojos…

          Y se dé cierto que debo estudiar lo que me has mandado aun cuando no me sea una tema del todo ignorado, pero debo aprender un nuevo enfoque, que a ritos y ceremonias en desuso evoque, de la magia del sexo, del hacer el amor al amor, porque en sí mismo no existe, existen quienes lo hacen o no posible, como un acto de vida verificable, axioma del humano progreso, puesto que hacer el amor es un acto de paz, y todo acto de paz es una protesta contra la guerra cotidiana…

         Y después de hacer el amor en prosa y verso, en mordidas diminutas y avances sigilosos, se desata la pasión que a la cama por turnos nos ata y desata para explayar los besos diminutos y sin prisas, las manos que ahogan nuestras risas, los castigos y las frutas cuidadas, los dedos que acarician y buscan, que preparan el terreno a tientas, que nuestras bocas alimentan, la miel que endulza el acto, las mieles que con desespero busco, las sensaciones que de menos a más se intensifican, que nos prenden y aceleran, que nos implotan para explotar juntos hacia afuera, que nos hacen repetir una, dos, tres, cuatro y cinco veces los actos, porque la ovejas contar no pudimos y que bueno, no lo hicimos… y terminamos sabiendo de cierto que en la noche buscaremos el momento…

         Y sigo sin poder dormir, sí, por el café… de tus ojos el café… que espero, pues estás dormida y te cuido y observo mientras escribo…