Por Acacia Magdala

Es un día solitario y con mucho pesar, veo al cielo, camino lento, me detengo debajo de un árbol… piso una que otra hoja seca, volteo… giro despacio mi cabeza mientras veo como los ojos de un pequeño niño resplandecen al ver hacia el cielo, ese niño sonreía lentamente mientras en mi mente se desvanecía ese pequeño recuerdo,  sola, desesperada y sin encontrar camino alguno, no sé cómo podía mantenerme firme, no sé cómo podía deslumbrar ante tal circunstancia, estaba perdida, no sabía hacia donde huir o hacia donde regresar… ¿Qué pasó con los besos? ¿Qué pasó con las caricias? Me encontraba como un limosnero que busca las moronas de un sujeto extraño, que no terminó una ensalada, uno que otro gajo de naranja podrida y un vaso con un poco de café repleto de tierra, no sé cómo se puede tomar algo así, pero la necesidad es sorprendente, el hambre, la soledad, el frío, sumergidos en un abismo de palabras rotas, enterrados en la penumbra, parecemos pequeños tiburones que se matan entre ellos, nos convertimos en caníbales de nosotros mismos, no sabemos si comernos el alma o el cuerpo, ya no distinguimos entre la basura y la comida de verdad, fueron esos extremos, fueron  esas traiciones lo que me regresaron a ser ese cavernícola escondido en aquella cueva a lo lejos de la montaña, ya no sé si es lunes o martes, sólo presiento si será domingo, es un día difícil de no percibir, trae consigo la nostalgia de la muerte de un ser supremo y con ella mi muerte, no sé cómo volví a sonreír después de tanto tiempo, solo sé que la lluvia ya tenía mi nombre, todos la conocían por mí, porque yo llovía muy seguido, sujetaba con mis palmas mi cara, pero después de un rato sólo podía hacer tronar, la energía parecía infinita y por otros momentos finita, deslumbrada por un nuevo “te amo”, no sabía cómo responder a eso, me sentía culpable, como aquellos jueves en donde los niños pequeños ruegan a sus padres que el fin de semana los lleven al parque, como cuando quieren mecerse en los columpios para sentirse águilas pero los padres están tan agotados que pareciera que el niño se convierte en el jefe del padre, dicen un “está bien” y el niño percibe ese cansancio, pretendiendo ignorarlo en el fondo se sienten mal, un rato de placer siempre saldrá caro ¿pero y si el placer en este caso es finito e infinito al mismo tiempo?.... ¿será como columpiarse en la eternidad? ¿Será como cuando esperabas los regalos de navidad? ¿Será una navidad eterna? ¿Será como la sensación de cuando venía tu abuela a casa y reprendía a tu madre por regañarte? ¿Será como cuando compraban tu pastel favorito o como cuando tu mejor amigo te regalaba parte de su helado?... generalmente el helado compartido sabe peculiar, no es por los fluidos mutuos que se comparten, realmente, creo que es lo de menos, sabes que tienes un lazo, es como decir “estas en mí y yo en ti”, no necesariamente es por deseo, muchas veces ni se piensa si es niña - niña, niño - niño o niña  - niño, solo se da, como cuando una flor estalla para surgir como un ser nuevo al que todos admiraran ¿eso es amor o será un orgasmo natural? Nadie nos ha confirmado que las plantas no se hagan el amor en las noches, o que los arboles no seduzcan a sus hojas, generalmente tengo la particular creencia que cada manzana que se cae del árbol es una pelea que hubo entre las ramas, las hojas y el tronco… muchas veces los “frutos” son los que pagan las consecuencias pero no es por qué no lo amen, simplemente fueron las circunstancias y bueno, ellos se dirigen a entregarle su vida a mujeres con sed de conocimiento, dicen que la mordida a una manzana  es capaz de mantener en sueños profundos a las bellas doncellas y se necesita de un príncipe que nos dé “un beso de verdadero amor” para despertarnos y traernos a la vida ¿así es como tú me quisiste dar conciencia después de que comí de la manzana caída que adormilo a una bella dama, dirías tú al amor de tu vida?, a veces siento que tengo complejos de lo que me comí y me suelo convertir en manzana, no por lo roja, bueno quizá un poco, se rumora que cualquier persona que se pare debajo del sol, se pondrá colorada, es una reacción física ante el calor, y no necesariamente representa al diablo, bueno, dicen que el diablo viste de rojo ¿y si visto de rojo mi cama entonces creo al diablo? Posiblemente… ya no sé si la manzana que me comí a veces me causa un poco de delirio, o si sea que salía a la civilización nuevamente a raíz de ese pequeño accidente en el bosque, se rumora que ese café tenía un poco de droga, pero no creo que haya sido de la “buena” era como de la corriente, de esas que te venden en los bares de mala muerte, pero quizá no fue esa droga, si no la droga que me inyectaron al alma, no sé cómo fue que un “desaparecido” renació como un “encontrado” y más peculiarmente un “encontrado llamado manzana” y la ensalada realmente estaba pasada, es un milagro que el que lo consumió siga teniendo el corazón bien puesto en su lugar, pero ya lo dije y lo reitero, el encontrado se llama “manzana”.