Por Marco Rojas

Mi primer “novia” la tuve a los 5 o 6 años, se llamaba Lucía; juntos realizamos nuestra primera comunión. Yo pensaba que por ese motivo ya éramos novios, después del evento religioso jamás la volví a ver, pero no les quiero platicar de Lucía. Les quiero platicar de Claudia. 

   Claudia vivía en el mismo fraccionamiento, la unidad Picos de Iztacalco. Su hermano y yo fuimos muy amigos, me gustaba estar esperándolo fuera de su casa sólo para ver si tendría la suerte de mirarla, realmente me gustaba mucho, morena, pelo ensortijado, alta y lo mejor de todo ya muy desarrollada. Imaginaba a qué sabrían sus labios, qué aroma tendría su cuello, de qué lado de su cama dormiría, la orientación de su cama. ¡Imaginaba todo!, mis 14 años me permitían eso y más. 

   Todas las tardes Claudia salía con sus amigas en patines o bicicleta, muchas veces traté de encontrarme con ella en un choque fortuito de patines o quizá un empujón, pero nada, su hermano siempre atrás de mí. Un día su hermano no salió; supongo estaría enfermo. Sólo así no lo dejaban jugar en la calle. Claro, porque los juegos de aquellos inicios de los 80's se realizaban en “la calle”. Total ese día no salió el hermano, sabía que tenía una oportunidad. Esperaría a saber qué sacaría Claudia a jugar ¿patines o bicicleta?

   Tenía muy poco tiempo para abordarla antes de que la rodearan toda su horda de amigas. El plan requería ser perfecto, milimétrico, ¡quirúrgico! Por fin la vi, salió con su bicicleta Vagabundo. Tomé la mía, me monté, acomodé mis guantes para que se parecieran a los de Poncharelo, salí hecho la chingada sin cerrar la puerta de mi casa. Estudié las formas, cada metro de la calle, cada curva, y lo más importante, el tiempo que tardaría Claudia en pasar por aquella recta entre la pequeña pista de patinaje y el jardín central, ese sería el lugar perfecto para culminar el plan.

   En efecto, como lo esperaba, Claudia se alejó del contingente de amigas, repentinamente giró para tomar la recta, ¡fue mi momento! Me enfilé de frente para taparle el paso. Mi miró con esos grandes ojos negros chinitos, chinitos, y sin mediar le dije: ¿quieres ser mi novia?, ella dijo: Sí, y salió de nuevo pedaleando fuerte su Vagabundo, yo me quedé totalmente ido o sea me quedé totalmente pendejo, absorto, estúpido, mientras todas sus amigas pasaban a mi lado rugiendo sus bicis con su adaptador de motor marca “Frutsi” tan de moda en esos tiempos.

   Lo demás ya fue fácil hablé con su hermano, no se incomodó y por fin ¡fuimos novios!

   Todas las tardes siguientes ya ninguno de los dos salía a jugar con sus amigos. Salíamos juntos caminábamos juntos y nos manoseábamos juntos. No supe cuando terminó, pero de algún modo se acabó. Después de muchos años, 30 para ser exactos. Recordé a Claudia por una canción de Pandora que escuché en la radio “Cómo te va mi amor”. Me di a la tarea de buscarla en Facebook, y la encontré, casada con hijos y una gran familia.

(de los recuerdos y esas cosas).