Por Marco Rojas

No sabía bien a bien de que se trataba, el cielo no indicó nada no dio señales de ninguna profecía, todo parecía tan raro, se comenzaba a entender por qué todos hablan de otras vidas.

    Lo primero en descubrir fue esa mirada que todo lo absorbe, que todo lo hace tan fácil pero tan misterioso, esa mirada que todo lo pone ahí sobre la mesa al lado del café sin terminar y el pastelito risueño,

    El momento fue de atmósferas cíclicas se desbordaron aromas etéreas intangibles para los sentidos conocidos, todo fue mágico. 

    No se podía apartar la vista, los ojos lo sostienen todo, tienen gravedad propia. Se analiza todo a detalle, se escudriñan cada centímetro de alma, pasan minutos, pasan horas y los ojos siguen en comunicación directa. 

    Podían salir corriendo o llevar la fiesta interior en paz, quizá mirar el reloj y mentir sobre una cita urgente, tantas cosas que discernir, tanta información sin canalizar sin saber nada claro de lo que está pasando, cuesta trabajo bajar de la nube en donde ya se habita sin darse cuenta. 

    Todo parecía un sueño las palabras hilaban frases sin sentido o con sentido, fue lo de menos pues en otro mundo alterno había una comunicación fluida sin voz. 

    El café frío observándolo todo, México perdiendo a 43, la mesera distraída preguntando sin respuesta alguna incomodando la catarsis general de un sueño.