Por David Ben-oni

 Queridos hermanos y hermanas, los humanos dependemos de la comunicación para proyectar nuestra humanidad. Desde los gruñidos y gestos, hasta el internet; pasando por la pintura rupestre, el símbolo, el lenguaje articulado, la escritura, la música, la pintura, la escultura, la literatura; todo es comunicación. Pero, ¿qué es comunicación?

   La capacidad de llevar lo concreto  a lo abstracto, que puede transmitir mediante un código conveniente ese abstracto en algo concreto; eso es comunicar. Es importante aclarar, porque la mayoría de los individuos, confunden la comunicación con el código lingüístico o comunicativo.

   En las mil y un formas en que los humanos solemos comunicarnos, virtualizamos nuestro mundo; lo deconstruimos en lo abstracto para reconstruirlo en lo concreto; o eso pensamos, si es que lo pensamos. Hay quienes ni eso hacen, por ende, no comunican, pero si copian, como en todo, un producto cuyo proceso no comprenden; profanando de tal forma lo que a la comunicación corresponde.

   La virtualización del fenómeno, es el acto de su deconstrucción en el abstracto para poder analizarlo y sintetizarlo, revalorarlo en lo concreto en cuanto a su significancia. Pero, ¿qué pasa que pasa si somos incapaces de poder analizar y sintetizar? ¿Qué pasa si somos hasta incapaces, por ignorancia obviamente, de analizar el propio fenómeno en sí mismo? ¿Qué pasa si somos tan ignorantes, que hasta somos incapaces de aplicar la ley de la transposición de la apariencia en esencia? ¿Qué pasa si somos incapaces de poder admitir que ignoramos, para poder admitir el estudio de todo aquello que no conocemos? ¿Qué pasa si pensamos que estudiar nos quita el tiempo para poder comunicar todo aquello que no sabemos? ¿Qué pasa si vivimos en un mundo de apariencias, en donde justifico mi ignorancia en vez de combatir mi realidad?

   Para 1936, en el estado de California, en los Estados Unidos de América, un programa de radio anunciaba la llegada de una fuerza invasora extraterrestre, suscitándose con ello la paranoia entre la población de dicho estado, compras de pánico, muertes accidentales, saqueo, etc. El mencionado programa radiofónico no era sino una radio-novela que, sin ser evaluada por quienes de tal forma reaccionaron, confundieron el espectro virtual de un medio de comunicación electrónico, con la realidad en sí misma.

   A partir del surgimiento de la televisión, los ingenieros en comunicaciones, los diseñadores de contenidos, los pedagogos y psicólogos; habiendo tomado como parangón el fenómeno radiofónico anteriormente descrito, comenzaron a experimentar directamente con la capacidad de manipulación virtual en la mente de los telespectadores, y con la dicotomía entre la realidad y la virtualización que este nuevo medio masivo de comunicación ofrecía. Nacen no solo los programas de espectáculo, sino las telenovelas que están diseñadas para moldear la conducta de los telespectadores a partir de “vidas” idealizadas, a partir de las cuales la audiencia pueda inhibir su comportamiento y soñar en otros, lo que desearían para sí mismos; los programas de deportes que suelen sustituir el deseo de lucha por una competencia “civilizada”, enmascaran la división de la sociedad en sectores y entre intereses particulares y comunes. De la misma forma que el cine, las series televisivas han sido diseñadas para que el espectador viva en su psique, las aventuras que en la práctica le están prohibidas… en México, los niños sueñan con ser futbolistas, y las niñas con ser cantantes, antes que soñar con ser útiles a su sociedad.

   Se confunde en el postmodernismo el deporte y entretenimiento con cultura y arte, desde los medios masivos de comunicación se dictan la moral y la ética propias de los pueblos, existe tal contraposición de valores, que las apologías a la violencia, la prostitución, la corruptela y narcotráfico son hoy por hoy, los sueños de grandeza de los jóvenes latinoamericanos. México y Latinoamérica resultan territorios en donde tener cultura e identidad nacional son motivo de escarnio social, en donde los individuos mediocres, basándose en la fuerza del número, puesto que carecen de argumentos, intentan aislar a quienes estudian, pues evidencian su ignorancia y con ella, el grado de manipulación que pasivamente aceptan. La mediocridad critica, pero no propone, es su principal característica.

   Las masas son tan ignorantes, que además de repetir fórmulas cáducas e inoperantes de organización “civil”, confunden lo escrito con historia; cual si Superman como personaje de comic para niño existiera, aun se asustan de un coco igual de inexistente, igual de indemostrable. ¿Qué evidencia poseen de su existencia? Solo la referencia amañada producto del concilio de Nicea que dio como resultante el libro más vendido y editado, pero no por ello verdadero, que nos propone la antítesis del héroe, es decir, no del hombre que lucha y avanza, sino del que murió por todos los que marchan hace 2000 años, dicen, haciendo viacrucis de los mártires del hoy y siempre, sin aprender que el tránsito desorganizado, aun cuando sea en una misma dirección, no produce sino malestar en la ciudadanía. Y cual copia de su redentor que no redimió a nadie, puesto que el mundo sigue igual o peor, sólo coleccionan tragedias ajenas, ¿también habrán muerto por todos?

   Nada llevan de lo abstracto a lo concreto, pero si toman prestado de lo concreto todo, para poder vivir en el abstracto en donde tampoco existe sociedad, pero si un imaginario colectivo que ellos creen habrá de lograr algo caminando…

   Entre más desarrollo de los medios masivos de “comunicación”, más aislamiento entre los individuos que componen ese imaginario colectivo. Los proletarios llegan a casa cansados, miran la televisión y se olvidan de que existe un mundo real que sirve de contexto a su explotación. Y para colmos, las redes sociales que las clases medias usan como una adicción dada su incapacidad de análisis, como todo, tergiversan y profanan, como otrora la radio y la televisión, han pasado de ser medios de comunicación, a medios de entretenimiento…

   Facebook, Twitter, Instagram… la panacea del virtualismo humano, submundos selectivos de amistades vacuas y carentes de existencia práctica, acercan a los de lejos alejando a los de cerca. Submundos en donde todo lo que no me guste puede ser eliminado, en donde la pluralidad es entendida como el bloqueo de lo incomodo, en donde organización significa posteo para que me aplaudas, ego metro del que en realidad es incapaz de razonar el deber ser del humano en sociedad; submundos de 5000 amistades máximo con las que creemos que el mundo es nuestro, y que como todo, lo que no nos llama la atención, no existe, el mundo está cambiando…

   Según Facebook todos somos conscientes; según twitter, todos somos congruentes y unas luminarias; según Instagram, todos somos felices… en ese mundo virtual todos somos iguales, libres y fraternos… no lo dudamos, pero nosotros queríamos una libertad, igualdad y fraternidad culta y responsable, progresista y evolutiva; no una libertad, igualdad y fraternidad hacia la mediocridad, la ignorancia y la injusticia…

    Virtualmente, todos somos guapos, todas son heroínas… ¿pero y la realidad? Todo sigue igual, nada ha cambiado; en el mundo sobran los traidores, los incongruentes, los mercenarios, los corruptos, los usureros, los analfabetas, los viciosos, los ilusos… y las ilusiones. Pero eso sí, ¿qué es la realidad? Lo relativo que puede traducirse en subjetivismo puro, idealismo de siglos, sofisma que perdura… los conservadores se creen revolucionarios… pobres postmodernistas del medioevo hecho moda de spas y sincretismo autoimpuesto, rezadores de consignas, manipulados de provocaciones de los neo-reality shows… síndrome del sisma de las contradicciones propias de los modos de producción en decadencia…