Por David Ben-oni

 

La suma y la unión son diferentes, la diferencia radica,
en que mientras la suma es cuantitativa, la unión es cualitativa…
hacer el amor es un acto de paz,

y todo acto de paz es una protesta contra la guerra cotidiana…

 No existe ser humano, por más sociópata que este fuera, al que el tema del amor no le resulte importante de una u otra manera. El amor es al ser humano una necesidad primaria, cuando menos en la sociedad contemporánea que vivimos. Pero lo irónico, es que siendo así, una necesidad primordial, los individuos no saben qué es. ¿Qué es pues el amor? ¿un sentimiento, una emoción, un arte?

   Según la etimología, la palabra amor tiene su origen en las raíces latinas e indoeuropeas amma, voz que significa caricia de madre, puesto que según estas etimologías, es el vocablo infantil con que se llama a la madre. Pero como todos sabemos, el latín tendió a dividirse entre vulgar y culto en la decadencia del imperio romano; hecho que no debería parecernos atípico, dado que en la propia sociedad contemporánea, las acepciones significantes a las palabras, varían de acuerdo con el grado de cultura que los individuos observen hacia sí mismos. Por tanto, etimológica y filológicamente, la palabra amor en el latín culto, tiene no solo otra significancia, sino también otro origen etimológico y una deconstrucción filológica que varían radicalmente.

   Por ende, amor en latín culto, se divide en dos raíces latinas: “a” negación, y “more” sumatoria; no sumar es la significancia etimológica de acuerdo con las raíces greco latinas. Pero, ¿por qué? Para poder entender, y pretender comprender, habremos de tener que situarnos en el contexto histórico en que se originó la palabra amor. Obviamente, la palabra nace en la Roma imperial de 150 años antes de cristo, al mismo tiempo que palabras tales como trabajo, cruz y familia, de origen también latino, y cuya significancia suele sorprender a los profanos en el estudio del lingüísmo; por ejemplo: trabajo se deriva de la palabra tripalium, que era un instrumento de tortura; cruz, de la palabra romana, cruxio, es decir, torturar; y familia, de famelus, esclavo doméstico. Interesante ¿no?

   Luego entonces, ¿por qué resultaba tan importante al imperio romano insertar una palabra como el amor, con sus correspondientes actos y actitudes derivantes, entre su población y los diferentes pueblos conquistados? Si nos adentramos al contexto socio-cultural de la Roma imperial, notaremos que una de sus premisas básicas en cuanto a la filosofía política  de conquista con que se conducía el imperio, es el “divide y vencerás”, acto con el cual, no sólo se lograba el sometimiento de los pueblos, sino también, la imposibilidad de que estos se rebelaran ante  las condiciones en que los invasores los sometían. Julio César plantea en sus obras, de manera constante, el que corrompiéndose el lenguaje de un pueblo o nación, esta podía ser conquistada con facilidad. “Vini vidi vinci” decía, es decir, después de dividido, vine, vi y vencí…

   Y una de las formas más fáciles en que un pueblo puede ser dividido, es mediante el control ideológico que legitime y deslegitime los sistemas de apareamiento. Por ello para la Roma imperial, tanto como para la iglesia católica en que el imperio habría de transformarse, era una prioridad esencial el terminar con todas las formas religiosas que permitiesen la libertad sexual de sus individuos, a quienes calificaban de paganos, es decir, habitantes de los bosques; término que fue utilizado por sobre todo, por Constantino, el emperador romano a quien se debe la expansión e imposición del catolicismo. Los paganos, al no recibir el total de la influencia romana, continuaban con sus prácticas sexuales y sistemas de apareamiento propios, calificados como barbáricos desde el punto de vista romano, que intentaba en aquellas épocas, imponer el monoteísmo así como la monogamia, como estructura de pensamiento y sistema de apareamiento, respectivamente.

    Como podemos notar, modo de producción de individuos humanos, es decir, sistema de apareamiento y, estructura ideológica (religión, en este caso), siempre van de la mano.  Controlar pues el sistema de apareamiento es controlar y condicionar al individuo que, no pudiendo negar sus instintos, todo habrá de hacer por poder satisfacerlos.

   Bioquímicamente, el amor es un disparo de endorfinas que inundan el cerebro, enlazando simpático y parasimpático; mezclando lo consciente con lo inconsciente, por tanto, pensar que estando enamorados no pensamos del todo correctamente, es perfectamente cierto. El disparo continuo de endorfinas no puede durar sino un promedio de un par de meses. De la misma forma, las endorfinas son disparadas a nuestro cerebro con el consumo de enervantes, o con hacer ejercicio hasta el agotamiento, así como con la ingesta de chocolate…

   Luego entonces, sentir en el corazón, en el estómago, y los pensamientos aturdidos cuando estamos enamorados, no es pues algo insensato; sino una realidad plena debido a la descarga hormonal que, al ser de origen interno en el organismo, no podemos situar en los sentidos externos humanos, es decir, en los cinco sentidos, y que nos sugieren la presencia de un sexto sentido interno al que hemos denominado emociones, y que tanto ha confundido a los profanos del estudio de las humanidades. Las emociones suelen plantearnos una disyuntiva entre lo racional y lo visceral, emotivamente no solemos actuar de la misma manera en que actuaríamos si no estuviésemos bajo su influjo. Por tanto, el amor cual tal, tiene como referente semántico una descarga hormonal de endorfinas que confunden la razón humana, y que, empleadas socialmente como un arma en contra de los mismos, podría obligarles a actuar como esclavos de sus pasiones…

   En el mundo contemporáneo, podemos ver a los individuos aceptar las condiciones más aberrantes, los estereotipos más trillados, los usos y costumbres impropios a su naturaleza, por amor. Por amor el individuo puede matar, dejarse humillar, afrentarse a sí mismo; por amor o en búsqueda del mismo, el individuo cae en depresión y en las garras del estrés; por amor el individuo se degrada a sí mismo, trabaja hasta la extenuación, busca siempre más, y está dispuesto a pagar hasta con su propia humanidad…

   O, ¿será que quizá sólo está comprando al costo más alto, una descarga más de endorfinas?, ¿será que el amor que tanto busca no está en esa descarga, sino que tal, no es sino una parte de un todo que el confunde con el todo en sí que nombra amor, pero que en realidad no conoce? Fromm hace referencia al acto de amar más como un arte que como un sentido o emoción, nos dice que, al ser un acto de unidad, nada tiene que ver con el encuentro circunstancial y efímero del acto coital o emotivo que, siendo parte de él, sólo en algunos de los casos, no puede por sí mismo definirlo.

   Si el amor es un arte, quizá tendríamos que comenzar por definir y dar significancia a la palabra arte… Arte, es todo producto cultural humano que logra comunicar, y comunicar es la capacidad de transmitir un mensaje en tres vías posibles, literales, emocionales y racionales. Por ende, si la palabra amor, tiene como referente semántico un arte, no es sino la capacidad de transmitir literal, emotiva y racionalmente la unidad de los individuos unos con otros. Por sí mismo, el amor no tiene existencia objetiva, no es, sino una invención de dominio, a lo más, una descarga hormonal; quienes tienen una existencia objetiva, son los individuos que lo producen y que pueden transformarlo de un condicionante de comportamiento social, en un proceso cognitivo en tanto que habrá de entenderse y comprenderse, para lograr la transmisión de las características y funciones que hacen posible de forma literal, emotiva y racional, la unidad de intereses y de resultantes que allanen el camino a la expresión de nuestra humanidad en su conjunto.

    Amar es pues una concepción y una categoría que no puede ser caracterizada sino mediante una conjunción de referentes semánticos que logran definirlo, amor es confianza, es dialogo, es proyección y perspectiva, es moral y ética, es conjunción y unidad de intereses, es caricia, entendimiento y comprensión, amar es un arte, por sí mismo no existe, pero existen ciertos individuos culturalizados que pueden hacer lo posible… amar no es una característica humana, es una cualidad entre los pocos humanos que logran ser civilizados en la amplia extensión de la palabra…