Por David Ben-oni 

Una vez más, como decía Esteban Ruiz Ponce, si les contamos estas historias a los pobres mortales, no seremos a sus ojos sino paranoicos esquizoides que tienen tiempo de sobra para inventarse historias. Claro que de que los hay, los hay; hay quienes se inventan, luego del arbitrario descubrimiento de un entrecruzamiento fortuito de las líneas de las manos, que son el mesías y no sé cuántas cosas más; pero no significa que todo lo contado sea de la misma naturaleza.

   Como sea, con él aprendí que la mejor manera de contar estas historias, es la de hacerlas parecer cuentos, disculpen, me estoy mintiendo, la primera vez que hube de usar este recurso tan útil y preciado, fue cuando escribí el “Camino a Ebemundi”, y eso me lo hizo aprender mi madre, quien no entendía la realidad acerca de una historia que le contaba, y sin quererlo, me enseñó aquello que Esteban mencionaba con tanta frecuencia.         

   Si Esteban y yo les contáramos que nos conocimos justo debajo de un tornado, ¿quién nos creería? O sí les contara como por mera casualidad, Pana y yo nos encontramos después de 9 años porque nuestros hijos, sin saberlo, jugaban juntos en un parque o que Marco, Quetza, Bola y yo nos conocimos conspirando contra nuestro amado gobierno, o que Mar y yo nos reencontramos mientras yo buscaba muertos en un periódico una buena mañana, y desde entonces me reencontré la vida… ¿me creería alguien? Ni idea, casi podría apostar que no…

   De la misma forma me recuerdo a Mauro, en una biblioteca, tomando coca cola, en un penthouse, en un edificio, al lado de una plaza histórica por su mercadeo de antaño, y de las masacres que se coleccionan en este pueblo. Es tanto como cuando le dices a un profe que un mundo nuevo es posible, que otro tipo de escuelas no sólo se pueden hacer, sino que resultan viables y quiere reducirlas a lo que su imaginación le indica, y se queda calladito cuando le muestras ejemplos con fotografías, para que de seguir dudando, cuando menos tenga con que entretenerse…

   Así somos tú y yo, un cuento de hadas para quienes no pueden pasar de lo ordinario, si preguntaran, qué tienen en común, la respuesta obligada es todo… si preguntaran, cómo se conocieron, pues tendríamos que decir que el universo conspiró en nuestro favor, pues habiendo nacido tan cerca y tan lejos, venimos a encontrarnos en un aquí y ahora que quizá no nos guste, pero en el que cohabitamos representando la paz que nuestros pueblos no encuentran, ¿no es así lebanesh amada por un israelí? Si preguntaran cómo crecieron tan rápido sus hijos, tendría que confesar que me diste una misión que comenzó alquilando un vientre, convirtiéndome luego en hipocampo, y que aun así, sacaron tanto de lo tuyo, que nadie podrá jamás negar que son nuestros y nos súper amamos los cuatro…

   Y nuestros ojos adaptados al calor y la arena… tú dices que, qué ojos, y yo digo que los tuyos son magia, y los peques nos miran y dicen, pero si son igualitos, y los de ellos, son también los mismos, ¿entonces serán intercambiables, o será que están hechos para mirar en cuatro direcciones y después venir a compartirnos lo observado? Y hoy ahí estábamos los cuatro juntos que se volvieron seis cuando las pizzas se convierten cada viernes en cafés… y esta vez no hemos podido dormir no a causa de los cafés, ni por tus ojos ni los míos, sino por las tareas, los proyectos, las intervenciones, y cuando digo no hemos podido dormir, me refiero a los cuatro, porque los tres te hemos acompañado, ¿no es así?

   Y las risas y los cuentos más cortos del mundo, y las historias endeudadas que pagas entre carcajadas, y los enojos compartidos, y las soluciones buscadas, y los análisis y las preocupaciones, y los literales dolores de huevos… ¿alguien podrá creer que a veces los huevos duelen, o que las amigas crecen en un día? Ni idea princesa, pero lo sabemos de cierto, aunque nadie lo tome en serio…

   Pero juguemos a las cartas, que buena mano, rey y Reyna de bastos, copas y caballos de espadas; los que creíanme blandito se llevaron la sorpresa, estoy a punto de dividir para reapuntalar, ahí vamos también con los otros, los tuyos, prevenidos pero no asustados. Y pronto retomaremos nuestros vuelo al aire, no los mismos, pero si volveremos. Nadie ni jackeando podrá pararnos…

   Nosotros, los cuatro, somos un cuento interminable, nosotros, los cuatro somos uno inseparable… Ketuba hamanai nish ha shae ma stshiry!!!!