“Tan pronto como el servicio público deja de constituir el principal cuidado de los ciudadanos, prefiriendo prestar sus bolsas a sus personas, el Estado está próximo a su ruina…Desde que al tratarse de los negocios del Estado, hay quien diga: ¿qué me importa? El Estado está perdido.”
J.J.Rousseau-“El Contrato social”

Por Leonel Fernando Hernández Piña 

La política, en alguna de sus muchas prácticas, no escapa a nadie, todo lo permea.  Se encuentra  en el mismo seno de la familia, podría decir que se mama desde ahí, hasta la “tecnificación” o “especialización” de  ella representada por nuestros “ilustres legisladores”. Podríamos decir que la mayoría de personas, sino es que todas, hacen o hacemos política todo el tiempo, sólo que la hacen o la hacemos de un modo incorrecto, por lo tanto es una mal práctica que se encuentra  basada en la ignorancia. Y ya veremos por qué es esto.

   La gran mayoría de personas no saben (porque tal vez nadie se ha encargado de explicárselos o porque a ellos simplemente nos les interesa saber) que aquello que hacen en su casa, con su trato cotidiano y comportamiento ante su familia, en su trabajo, en su escuela, etc., es política. ¿Pero qué es la política? Para entender y saber qué es de lo que estamos hablamos debemos, en este caso, atenernos a la etimología de la palabra, ya que el lenguaje como máxima expresión  del hombre describe y dota de sentido al mundo y gracias a él (al lenguaje) y a sus actos el hombre se realiza y a través de ello ilumina, clarifica lo que él (el hombre) es. Como sabemos la palabra ‘política’ proviene del sustantivo griego PoliV que significa ciudad y del sufijo griego,  ikh’ el cual lleva siempre sobrentendido el sustantivo de ‘tecne’ (arte, ciencia, con el que concuerde en género, número y caso, y  significa “lo relativo a, lo perteneciente a, la ciencia de, etc.”). Teniendo así que ‘Política’ significa “lo relativo al buen orden y gobierno de la ciudad”. Por lo tanto es un quehacer que nos debe de importar e involucrar a todos los miembros de la sociedad.

   En estas épocas pre-electorales surge nuevamente la cuestión (en muchos casos, y en muchos no) de por quién se ha de votar (si es que uno piensa votar y es responsable y consecuente con el modelo político establecido en la sociedad) Pero el problema no es nada más ese. El meollo del asunto es que si se quiere entender y hacer política, y hacerla bien, en cualquiera de sus formas es menester conocer, la historia, la teoría, y la práctica de ese hermoso quehacer humano que re-dignifica la condición de la especie (recordemos que ya Aristóteles en su “política” definía al hombre como el zoon politikon, el animal político, el ser gregario por excelencia) Esto así porque el tema político abarca cuestiones morales y éticas, de antropología filosófica (o de “concepciones del hombre”), cuestiones sociales, legales, económicas, de estructura y formas de gobierno, legitimidad o ilegitimidad del gobierno, de fuentes de poder, de los derechos y deberes de los miembros de una comunidad o de un Estado, el carácter (positivo, natural, racional, “arbitrario”, etc.) de las leyes, la naturaleza y alcance de la libertad, los diversos tipos de libertad, la naturaleza y formas de la justicia, eso es en suma la obligación del saber y del quehacer político.

   Este saber y quehacer político se ha visto diezmado por muchas y espinosas cuestiones en los últimos años, sobretodo en México (aunque el resto del mundo no se queda afuera), pero pienso que lo ha sido sobre todo por el abyecto interés de la clase “dirigente” de mantener el status quo a ultranza, por ello es que en estos tiempos postmodernos, en los cuales la banalización del pensamiento,  la nulidad del compromiso ideológico, la carencia de proyecto de vida y de nación, el mérito de la opinocracía, el compromiso con el nepotismo y no con la congruencia, han hecho que las ansias del hombre, por ocupar posiciones de poder en las cuales pueda obtener  raudales de dinero, lo transformen en ese homo homini lupus  que se encuentra perpetuamente en un bellum ómnium contra omnes del que nos hablaba Hobbes, olvidándose del bien común y es por ello, creo,  que ahora tenemos a  payasos, futbolistas, artistas de la farándula como candidatos a ocupar un puesto legislativo (eso sin olvidar el tráfico de influencias para ocupar una curul), para el que a todas luces no se encuentran capacitados para ejercer.

   Si queremos cambiar la cuestión política, la mala praxis política es menester llevar a cabo una nueva pedagogía política (incluso desde la casa), pero una pedagogía que se involucre en la cotidianidad del ciudadano promedio, que tenga en miras  el devenir histórico de su existencia, que vaya más allá de las aulas escolares, que no se encuentre nunca más bajo el yugo de las franquicias políticas mal llamadas partidos políticos. Una práctica política que nos involucre a todos y en la cual todos podamos, en mayor o menor medida participar. Porque vivimos a la sombra de un régimen inquisitorial cuyo canon y  punta de lanza, utilizados una y otra y otras vez, es la arrogancia del inepto "legislador" acompañada del escarnio ciclópeo digno de los metaignaros y estultos enanos pusilánimes que creen saber y hacer . Para tirar este caduco e inútil régimen, es menester adentrarnos en las entrañas de la topología política y desentrañar las estructuras ónticas, practicas (en el sentido de 'praxis') y epistémicas  que le dieron origen, es imperante escuchar el grito de Casandra,  es necesario rastrear el hilo de Ariadna  hasta sus orígenes. Y una vez encontrado el Minotauro, matarlo, matarlo sin compasión por el bien de la estirpe. Cuando ello haya sucedido comenzará la verdadera tarea titánica, la emocionante y siempre revitalizante aventura de la construcción de una nueva patria, de nuevas categorías normativas que sustituyan a las del cuerpo recién muerto. Estas nuevas categorías no deberán ser sacadas de la chistera, sino que deberán ser la lógica evolución dialéctica de las anteriormente planteadas...cuando ello haya sucedido, entonces, y solo entonces, veremos realmente el nuevo amanecer del espíritu de la estirpe... es eso o vivir condenados a la derrota y que sean los más ignorantes los que nos gobiernen y nos sigan sometiendo a la esclavitud siendo nosotros mismos nuestros verdugos.