Triste es un pueblo que clama por héroes que converjan a redimirlo, y cuando estos se presentan, aclama su represión… triste es un pueblo que sabe quejarse  pero que nunca logra su organización… triste es un pueblo que nada sabe pero todo imagina, triste es un pueblo que conoce más a Mickey Mouse, que a los héroes que le dieron patria… triste es un pueblo débil y mediocre que sigue pensando que los amigos imaginarios pueden redimirlo…

Por David Ben-oni

500 años de pesadilla, larga noche del sueño incomodo en que todo se ha perdido, desorganización de los mestizos que jamás han sabido reagruparse, cultivo del rencor efecto de las rencillas imaginarias o reales que no nos permiten ser uno. “Nosotros muchos somos… mientras que ellos, son uno solo”. Somos el fragmento del tejido roto que no es vestido, por tanto, no puede arropar al pueblo bajo un manto de estrellas que sea el sueño y el horizonte del todos somos…

Pero, ¿qué somos? Pregunta inconclusa puesto que el todos somos no tiene respuesta, sólo parámetros, sólo estereotipos y paradigmas; sólo imaginación, ignorancia y bravuconería; sólo desunión, fragmento, reacción; sólo tradición, sometimiento al imaginario impuesto, mediocridad del desconocimiento en que los muchos somos se vanaglorian… ¿qué somos?

Somos los que cada viernes gastan el salario de hambre en alcohol para ahogar las penas propias y ajenas de un pueblo masacrado; somos quienes agradecen tener un trabajo alienado, esclavizante, rutinario; somos quienes prefieren ver a un maestro golpeado antes que enfrentar la tiranía opresora; somos quienes todo critican pero nada hacen; somos quienes marchamos gritando como locos, criticando o aplaudiendo lo que otros hacen porque nosotros somos incapaces; somos quienes desean un amo mejor, pero nunca dejar de ser esclavos; somos quienes prefieren treinta monedas antes que aguantar callados y protegiendo a quienes prefieren morir, antes que traicionarnos; quienes clamamos pidiendo auxilio y el derrame de la sangre ajena, pero señalamos la incongruencia de quien muere aislado porque fuimos incapaces de cerrar filas en torno a una causa común y de interés colectivo de la clase oprimida; somos quienes no podemos decirnos a la cara que la posesión circunstancial no es posesión, sino circulación de los bienes materiales que dan vida al dios verdadero que rige el destino de los individuos y con ellos los de las naciones, el mercado; somos los defensores del interés de clase de la burguesía dominante que alienta hasta nuestros sueños con futbol, chelas y telenovelas; somos un medio de producción que defiende los intereses de quien ha decidido que debe y que no debe ser nuestra vida; somos los defensores de un modelo de vida impuesto por los explotadores de toda índole, tiempo y circunstancia; somos momento porque somos incapaces de ganarnos un lugar en la historia; somos los máximos detractores de quienes lograron darse cuenta que la historia la hacen los pueblos y no los individuos cargados de ego y hedonismo; somos quienes carecen de propósito, pero defienden el interés de quien les explota porque soñamos en convertirnos en ellos; somos la cobardía que se escuda en la civilidad y pacifismo con los dientes apretados, puesto que la barbarie ya tiene nombre y apellido y circula por las calles; somos quienes vemos la incongruencia en quien con arrojo antepone el pecho a la injusticia, pues de esta forma justificamos el vivir de rodillas diciendo que había intereses oscuros, por eso no hemos hecho lo mismo; somos quienes en apariencia, más no en esencia, intentamos día a día disfrazarnos de explotador, en palabra, obra y pensamiento; somos quienes van de rodillas a saludar pinturas bidimensionales, espurias y mal hechas; somos quienes se reconocen súbditos de un “señor” que ni un niño no obligado reconocería por cierto… somos el producto de 500 años de superstición, ignorancia y cobardía a la que llamamos cultura, paz social y por sobre todo, conciencia…

Somos quienes sueñan con educar antes de transformar; somos unos niños que imaginando creen que conocen el mundo que crean y recrean en su mente fantasiosa porque la realidad los asusta; somos quienes han decidido conscientemente cerrar los ojos porque la oscuridad les causa miedo, sin darse cuenta que dejar de observar no ilumina el camino; somos quienes son millonarios en lombrices, hambre y sed, y no hacen nada por satisfacer sus necesidades y prefirieron dormirse pensando que mitigar es dejar de padecer… Somos quienes a la consciencia del padecimiento le antepusieron la consciencia de la inmovilidad, y como son doblemente conscientes, gritan consciencia y felicidad pensando que es la llave al paraíso, que además de perdido, jamás existió…

Somos el producto de 500 años de lucha, primero de la realidad contra la superstición que por un lado no les permitió reaccionar contra el invasor; luego del valor contra la cobardía que no les permite romper sus cadenas; ahora de los unos contra los otros, pues todo aquel que señala sus errores será sometido al escarnio y el desprestigio de la sociedad que para eso sí reacciona, para señalar de injusto a quien venga a aluzarles un tanto cuanto el camino, porque sabe de cierto que la liberación es un acto colectivo que no se hace, se organiza…

¿Y de este lado, qué somos? Sólo quienes no llegaron aquí esperando riquezas ni reconocimientos vanos; quienes estamos dispuestos a regalar hasta la última gota de sangre porque nos parece indignante ver un sólo esclavo entre nosotros; quienes vemos en el estudio constante la posibilidad de ser entre el todos; quienes se agruparon para aprender unos de otros, y hacer entre el todos, lo que no podríamos siendo el fragmento que somos; quienes aceptaron su condición sin aspavientos, lamentos, ni patetismos premorticos, quienes partiendo de la consciencia de clase se desclasan y coadyuvan a la emancipación del todos somos… somos los más pequeños en número, quienes en el clandestinaje obligado hemos estudiado no para enriquecernos como dictaba el paradigma; sino los humildes obreros de un edifico social en constante renovación, constructores de un aquí y ahora que, sin perder de vista lo pasado cual proceso, ponen los ojos en el futuro que les sirve de horizonte inalcanzable; somos los que dicen basta y han comenzado a andar; somos los muertos de siempre, los sin rostro, sin nombre, sin pasado y sin por venir, que aceptan el aquí y ahora porque no saben del mañana nada; somos los que temen dormir porque temen perder los segundos precisos para hacer lo que deben, y para lo que han sido llamados por los miles de gritos y aspavientos de indignación que les llaman sin pronunciar su nombre; somos quienes en esencia son, sin repetir fórmulas mágicas y estereotipadas por quienes piden perdón al producto de su imaginación delirante que justifica su improcedencia; somos quienes aceptan que hay otros y lloran en silencio su indiferencia vana y tradición pueril que nos somete a todos; somos los vilipendiados de siempre porque nuestra existencia señala que otro mundo en donde caben todos los mundos es posible; somos los que al amarse son acusados de brujos, hechiceros y herejes; somos los que todos quieren muertos porque estorbamos su mediocridad rampante y opacamos su ilustrísima ignorancia; somos los menos que, organizados, hacen posible lo que a los más parece imposible; los que no evadimos, los que no dormimos por semanas para terminar de proyectar con amor, y con el mismo amor y paciencia, materializan lo increíble y concreto en un mundo de seres inconcretos…

Somos quienes hacemos el amor, porque hacer el amor es un acto de paz, y todo acto de paz es una protesta contra la guerra cotidiana; somos por quienes se construyen las prisiones clandestinas y los centros de tortura; somos a quienes, desde el pulpito, se nos ha reservado un lugar en la hoguera ahora que legalicen nuevamente la inquisición; somos quienes incomodan todos los días a los farsantes; somos nosotros los que, como otrora en Roma, antes de morir saludamos…

 Para todos, todo, nada para nosotros…