Por David Ben-oni

Solo uno, imposible para mí son dos, solo con una voz y una palabra, con ánimo verdadero y honesto vengo y planteo lo que planteo, y siempre es lo mismo. Este es un mundo de enfermos, algo ocurre cuando así sucede, pero nadie puede dudar acerca de que este cuerpo social no funciona bien; algo le sucede al mundo humano cuando siempre ha de atacar el sentimiento recíproco y constructivo que se plantea entre los individuos. ¿Entre los individuos? Bueno, cuando menos entre uno de los dos individuos, o los tres, o los mil, o los millones o billones que lo conforman sin tener la consciencia de hacerlo…

    Nadie cuestionaría la posibilidad del odio, del deseo de destruir y aplastarnos los unos a los otros; pero cuando se te ocurre decir te amo, no sólo habrán de cuestionar, intentaran destruir y aniquilar. ¿Cómo hoza alguien amar? Es un mundo enfermo en el que se cree que todos pueden mentir impunemente, como si fuese un niño que no supiera que quien miente una vez, mentirá dos y hasta tres; como si de verdad me tragara el cuento de la honestidad a posteriori

    Qué pretendes, pregunta alguien, uno más de entre los muchos que consideran que las personas les pertenecen. Nada más allá que el encontrarme a mí mismo, nada más allá que el ser yo sin limitantes ni sueños guajiros de mentes dictatoriales que diseñaron nuestros ser sin preguntarnos, nada más allá que el autodescubrimiento cotidiano, nada más allá que el amanecer donde el sol me encuentre pues reconozco que los puntos cardinales sin diferenciación alguna sirven a un alma como la mía por horizonte, la corteza terrestre por plano transitable, y la bóveda celeste por manto intercambiable…

    Nada más allá que encontrar el amor en cada acto, en cada sonrisa y en cada lágrima que la vida me exija en el acto de desentrañar su misterio… nada, sino encontrar y explorar el amor puesto que el odio y la desolación sobran y no me apetecen. Por amor podría ofrecer todo lo que soy y poseo, es decir, la vida misma…

   Que bien, me dice con media sonrisa, porque con la otra mitad cree que he caído en la trampa que me tiende y que yo previamente había ya calculado, que bien. Pero necesitarás, además del amor que no alimenta, casa, carro, ropas, comida e hipotecas… ¿cuál es el futuro que ofreces? El futuro, me habla a mí del futuro que él mismo desconoce, me habla a mí del amor que es incapaz de ofrecer, del que sin imposiciones y coacciones no podría fingir, o, ¿será verdad que el amor llega con la capacidad de adquirir y obsequiar?

    Pero nada, no escucha, no observa. Los humanos son voluntariamente invidentes y sordos a conveniencia. Los humanos son mentirosos y ocultan según convenga, luego, cuando les conviene otra cosa, dicen lo que hicieron a priori, justificando con ello la honestidad a posteriori… y se dicen honestos y esperan aplausos… y se dicen sinceros y esperan abrazos… y se quejan cuando generan silencio, y se hacen ofendidos cuando encuentran reflexión y acomodo de ideas; y les ofende el que alguien tenga que pensar que el ánimo verdadero y honesto no tiene ninguna validez ante ellos…

     ¿Si solo hay uno entre dos, en dónde está la sociedad? No hay tal pero les gusta fingir que sí, aquí nadie hoza decir no sé, todos pretenden saberlo todo aun cuando ni siquiera pudiesen explicar el por qué viven como viven… nadie sabe, nadie supo, siempre los otros tienen la culpa, sobre todo si reclaman las acciones ajenas, las que lastiman, las que fracturan, las que terminan con la confianza; nadie ha de redimirse, nadie tiene la responsabilidad de resarcir sus actos, ningún sentimiento importa, salvo el del que causa daño a inocentes… ¿Qué no podemos ver como lo herimos al decirle a la cara que nos ha hecho daño, que sus acciones duelen, que sus mentiras torturan, que sus omisiones dilapidan? ¡NO! ¿Cómo hozamos atrevernos a apuntalar que nos han traicionado, cómo?

     Ante esto, el llanto que no lamenta el haber atacado al inocente, sino el haber sido descubierto; ante esto, no la dignidad de una ética y una moral a toda prueba… no, mejor la dignidad de lo indigno, de la mentira palpable, la ocultación, la doblez, la deslealtad, la incertidumbre y el engaño que despedaza la moral y ética de quien solo tiene uno, un ánimo verdadero y honesto…

     Súmale a esto el cuestionamiento irreflexivo, el odio que el amor produce y que es pronunciado en voz alta: él lo odio porque te ama…

     Y entonces más preguntas que debo callar, pero que resuenan en mi cabeza: ¿no te gusta verla feliz? ¿De verdad te complace su soledad? ¿Cuándo la habías visto tan feliz mujer? ¿Qué no ves que progresa, que deja de ser una, para ser uno solo con su par? Pero dicen que debo demostrarles mi triunfo, ¿cuál, el que no pueden ver? ¿De verdad nadie puede notar que en un mundo como este yo ya triunfe, no me he dejado esclavizar, condicionar y atar al paradigma?

     Sé que yo no te merezco, pero no me pasaré la vida demostrando a los ruines e ignorantes que sí; mi plan es otro, es construir contigo un mundo nuevo ideado por nosotros…  pobre del que piense que no sé perdonar, el acto de ignorarlos es un perdón a sus incongruencias, a sus insultos, a sus nimiedades…  para contigo, ¿no es perdonar admitir no sin llanto y berrinche tus errores, tus omisiones, tus traiciones? Te perdono, pero y tú, ¿te puedes perdonar sabiendo tu falta de congruencia momentánea, pasada, pero no por ello menos real? Ojalá se te ocurra perdonarte no omitiendo de nuevo, sino corrigiendo el rumbo…

    Yo sigo aquí, no como dos o tres, o cientos o miles o millones… no, como uno solo que dice qué piensa y hace lo que pronuncia mental y verbalmente… ¿pero no es congruencia? Quizá entonces sea la enfermedad de ser quien se es sin dobleces ni traiciones, antes que a ti, al mí mismo que cotidianamente soy…

    Dices que has dado todo, y eso no está en entre dicho… todo, desde la esperanza y la vida, hasta la traición y la mentira… TODO… y que he dado, ¿no mi ser y una sola palabra, no mi tiempo y mi ánimo verdadero y honesto, no mis noches y desvelos? Pero nada vale comparado con lo tuyo, puesto que ha sido el enfrentamiento continuo a mí mismo y mi capacidad por soportar la realidad de la mentira y la traición… no el tiempo de los míos, los más profundos de mis sueños y mis más desvariados anhelos: vivir en paz en un mundo de leales… ni te enseño ni te protejo, ni enfrento ni arriesgo… nada, he hecho nada…

     Nada puede enjuiciarse, dices, porque de someter los fenómenos y los noúmenos a juicio, quizá ninguno sobreviva, mucho menos nuestra interpretación arbitraria de los mismos… Nada, en este mundo hay que hacer y aportar nada para que te digan amigo y te defiendan, te solapen, te escondan, te mimen y te arropen… en este mundo sólo el acosador y el falso producen sonrisas, sólo el manipulador y mentiroso merecen tu atención, sólo los locos no deben ser ignorados… Nada soy para vos, pero te gusta jugar a que lo soy todo para sentir que dominas algo… pero nada ese hecho cambia, sigo siendo nada, la nada que engañas al decirle algo, silencio roto por el suspiro que emana de tu boca y garganta, la sonrisa que evidencia tu insensatez traidora… soy nada, la nada que te cobija y salva, la nada que te protege y anda… nada…

     Sólo uno porque me es imposible ser dos, ánimo verdadero y honesto que jamás olvida que hacer el amor es un acto de paz, y que todo acto de paz es una protesta contra la guerra cotidiana, la nada que no ignora que se vive en guerra, la guerra que declara el odio y el rencor de la mentira contra el amor sin tapujos… pero no ignoro que el ser es lo que hace, no lo que imagina ser… y por ello grito el cántico de guerra, porque soy guerrero y en la diestra llevo la página que delimita mis palabras, pero en la siniestra la flamígera espada presta a combatir, pero soy nada, uno más entre los iguales, la nada que busca la realidad que nos libere y que no sabe renunciar…

Para todos, todo, nada para nosotros…