Por Villano Sexto

Marino y su socio serpentean Matehuala en busca de reincorporarse a la México-Laredo. Recién conquistaron Santa María y sobrevivieron el aniversario del Sonorámico en Garibaldi, así que sólo les resta cumplir con el último evento del año. Pero antes, en la salida del poblado, la radio les ofrece el resumen de los acuerdos en seguridad nacional y el camino una tira de madera destartalada que anuncia el chuzo de las hermanas Celis. “Voy por un tinto, sí me hace el favor y me espera aquí”, se adelanta Molina. Marino acepta la propuesta y permanece fuera de la cafetería, donde pronto lo alcanza una mujer de ojos rasgados con un caminar capaz de zarandear el presente. <<Parece chinita>>, juzga y le sonríe. Ella le devuelve el gesto sin sospechar que le recordó el chiste del taxista que lo salvó meses atrás, cuando al comprar sus galletas de la suerte en pleno año nuevo chino chilango el líder de la calle de López intentó apañarlo para tener de vuelta el control de la Doctores. “Buenas”, arranca él. “Oiga, ¿es cierto que el sexo de las chinas está acostado?”, pregunta al tiempo que comienza a dibujar en el aire la figura de la vía láctea. Por respuesta la mujer chasquea sus cejas y sus labios, pero también comienza a deslizar su falda. La emociona mirarlo seguirla hipnotizado, por lo que se detiene hasta llegar a la mitad de sus muslos. “¿Así o menos acostado?”, escucha él tras descubrir las alas en sepia que brotan desde la entrepierna hasta las caderas color arena de la mujer. Imagina la infinita altura prometida por esa fina colección de trazos, pero su socio lo interrumpe al observar a la salida del chuzo el par de nalgas expuestas: “¡¿uyyy, todo eso es suyo o se lo prestaron?! Tan rica la princesa. Mejor dicho camine que nos coge la noche”. La mujer deshace su recorrido anterior y vuelve a cubrir su cintura; y mientras Marino toma su café y se dispone a seguir desmoronando la distancia entre Iztapalapa y la Independencia, ella regresa a la cafetería en busca del polvo de hena con el cual pintar en un costado de su cuello la silueta de una bailarina oriental. <<Así o más alto>>, celebra minutos después al remojar un par de galletas de animalitos en una taza de chocolate cuya espuma comienza a desbordar todas sus orillas.

  Ciudad del Este, Diciembre 2011