Por David Ben-oni

En este mundo las batallas se pelean a dos frentes:
en el de la realidad cotidiana, y en el de la realidad simbólica
… debemos aprender que el enemigo externo se encuentra en el contexto,
el enemigo más peligroso está dentro nuestro, y se llama inconsciente…

  Triste realidad la que enfrentan los individuos al intentar ser íntegros y enfrentarse al yo y el ello, señalar es fácil, enfrentarse a sí mismos es un placer que pocos llegan a conocer… somos el producto de nuestra herencia genotípica y fenotípica, es decir, de las limitaciones y capacidades que genéticamente nos han estructurado; así como de las influencias de nuestro contexto ambiental y cultural que nos ha moldeado. Saber de cierto esto, desentrañar los misterios de la vida, entender nuestros procesos generadores, y los procesos evolutivos que nos han hecho ser lo que somos, conocer a fondo los procesos culturales que nos han moldeado y las necesidades de los individuos y del ambiente que nos sirven de contexto, eso constituye la consciencia que nos permitiría o no, organizarnos en pro del progreso de nuestro género.

    Cómo entender y comprender lo que la consciencia es, si creemos saber todo, nada es peor obstáculo a el conocimiento que la ignorancia y la maldad; no existe la honestidad a posteriori, el prejuicio es un error, y todo error no es sino una mala ejecución de la técnica adecuada producto de la ignorancia que nos ata a las pasiones y emociones vacuas y sin fundamento alguno. De otro modo, lo malo no es más que la falta de conocimiento, la negación a aceptarlo, y la necedad que no nos permite transformar los viejos moldes de pensamiento, caducos e inoperantes…

    No hay peor obstáculo al conocimiento que el creer saber, que se ha venido destilando de respuestas prefabricadas cuyo único objetivo es y ha sido, el lucro de las necesidades comunes a nuestra especie que, son controladas desde el rompimiento con nuestra propia naturaleza biológica, y las formas en que nos perpetuamos como género.

    El miedo a la muerte, baluarte de los explotadores  de toda índole y condición, desde los que nos han generado mundos incomprobables, quiméricos, infantiles, míticos; hasta los que, haciéndonos sentir el hambre y la sed de forma constante, nos enseñan el bistec y la coca cola, no para convidarnos, sino para que nos antojemos y nos dejemos imponer las condiciones más denigrantes de servidumbre y competencia con los otros que somos…

     También los que han diseñado nuestros sueños y delirios anhelantes: un empleo, una posición, una casa, un carro, una mujer o un hombre… todo por tener la oportunidad de heredarle a la tierra más individuos infelices a los que se les imponga la escuela, y con ella, una pregunta: ¿qué quieres ser de grande? ¿Se puede chimpancé, o tigre, podemos ser otra cosa que no sea humanos?

     Mentiras, mentiras y más mentiras; nadie ha podido ser feliz ni dedicar su tiempo a la vida siguiendo ese patrón paradigmático. Nadie. Desean que les creamos que el fin de la vida misma no es vivir, sino sus premios o castigos supra terrenales.

    ¿Por qué estamos haciendo todo, solo por aparearnos? ¿Nos conocemos a nosotros mismos, entonces porque el sentido de vacuidad que nuestra especie anuncia en su vanidad desmedida, por qué el deseo de depredarlo todo y disfrazarnos de bellos y hermosas individuos que nada saben, nada pueden, de todo lloran y todo imploran a los productos de su imaginación esquizoide reforzada en los peores momentos?

     Que la verdad no es una, que la verdad es relativa. Entonces por qué mandamos a los niños a la escuela sí podrían, legítimamente, llegar a pensar que a veces 9 entre 3 es 15, o 58… ¿por qué imponerles la técnica, el saber, si es tan relativo que podrían pensar lo que quieran con respecto a la verdad y, con ella, juzgar la realidad que no habrían de comprometerlos a nada con el contexto que les permite ser? ¿Por qué imponerles las verdades de siempre, las únicas que no se relativizan porque son llamadas tradición, uso, costumbre, saber ancestral, mentira delirante? ¿Sólo porque no conviene, porque todo reto a la “verdad” suele minar la autoridad de lo cotidiano, lo degrada, lo reta, lo pone a prueba y lo trastoca si algo mejor puede sustituirlo?

     ¿Cómo luchar contra fantasmas, contra un sentido de la ilógica que se desprende de los miedos y un sentido de apropiación hasta de las personas? En este mundo todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario, somos juzgados, sentenciados y ejecutados sin siquiera tener garantía de audiencia; cualquier cualquiera puede llegar e inventarse algo, y los demás, deciden creerlo a conveniencia. Muy propio de los fanáticos que nada saben, pero todo creen saber, resulta un mundo de creencias sin saberes, de delirios esquizoides que acusan a los pocos cuerdos de estar locos, y todo por qué, porque hemos decidido amar en vez de odiarnos, porque decidimos hacer y construir en vez de lloriquear implorando a nuestras propias creaciones, porque decidimos ser íntegros y no tener dobleces…

     En este mundo las batallas se pelean en dos planos, en el de la verdad y en el de la imaginación. ¿Es el verles felices lo que tanto te molesta porque no te llenan los objetos que tan compulsivamente acumulas? ¿Es acaso nuestra culpa? Solo sé que no puedo ofrecer soluciones a problemas imaginarios, porque solo sé que la realidad supera tu ficción…

      Siempre seremos el malo del cuento por hacer lo que todos creían imposible, amar y respetar construyendo sin rezo o intermediario, porque no somos como tú, hipócrita, convenenciero y con doble discurso. Pero aquí estamos, dispuestos a dar hasta el último aliento por lo que consideramos justo…

    Quizá no sea merecedor de tus palabras, pero no voy a pasar la vida intentando merecerlas, simplemente soy yo, digno del camino que me he construido, digno de dar lo único que poseo, animo verdadero y honesto, sin más, sin menos, sin deseos de lo que es tuyo, pues nada es de nosotros, salvo los recuerdos…

Para todos, todo, nada para nosotros…