Por Marco Rojas

Todo tipo de aromas se desprendieron de aquella plaza, sahumerios con adornos amorfos, flor de muerto, hierbas de fuertes olores, calaveras de chocolate, todo le daba un toque místico al lugar.

Caminaba entre un mundo de gente, unos compran otros venden, otros muchos miran la gran cantidad de mercadería ahí exhibida, plumas, chalchihuites, mantas, y un gran variedad de inimaginable alimento.

Mientras esperaba la señal prometida escuché los furiosos murmullos y caminé, los cantos me acompañaron todo el trayecto. Un mundo de gente me vio y vi.

Turistas tomando Selfies con los Caballeros Águila, señoras obesas en baño de temaxcale provisional, muchos otros esperando sanación y limpias con ruda incienso y copal.

Marchantes subastando obsidiana y falsos ídolos de piedra porosa, pieles de leopardo con etiqueta China. Plumas, caracoles, vasijas trípodes. Todo el Parían en su máximo esplendor.

Caminé más rápido para llegar al mitote que se deja ver a lo lejos, con mis brazos y cuerpo me abría paso entre la cerrada multitud. Quizá por instinto, quizá por el tlapehuehuetl, o quizá por tí, poco a poco el murmullo ensordecedor del tianquiztli quedó atrás, para iniciar en mis oídos un retumbar de tambores esquizofrénico y alucinante. Los rítmicos tenabaris se funden entre el golpeteo del ayotl y el aullar del atecocolli en una fiesta indescriptible.

De pronto te vi.

Danzas entre aquellos portentosos guerreros, miras al cielo, miras la tierra con respeto y culto, tus manos a los cuatro puntos marcan el inicio de algo.

Me acerqué hipnotizado por tu cuerpo, por el vaivén de tus piernas fuertes. De un momento a otro me perdí entre cantos, música, cielo, mar, y tierra.

Me tomaste de la mano para guiar mis pasos, para guiar mi mente. Tus ojos negros y grandes se conectaron con los míos para iniciar nuestra propia danza, sobre esa alucinante algarabía colectiva.

Fuimos uno, ¡conocí el mundo! Conocí los continentes, conocí tu mundo, para nunca más dejarte, pensé.

 

Sentí un sudor placentero recorrer mi rostro, desperté sobresaltado, el sueño fue tan real, que aún conservo el sabor a ti, no olvido tus ojos, esos ojos que estoy seguro se volverán a conectar tarde o temprano en esta vida o en otra vida.