Por Rosa Martha Morales Espinosa

En ocasiones entramos en conflicto por no saber qué hacer ante un niño que pregunta de todo. Una pregunta es la manera de cómo un niño estimula su inteligencia, la curiosidad por conocer el mundo que lo rodea. Preguntar es para un niño lo mismo que aprender a vivir.

   No hay que olvidar la importancia que tiene para él nuestras respuestas, porque de ahí se derivará el cómo perciba su mundo. Las preguntas son señal de buena salud física y sobretodo emocional. La curiosidad es una forma de estimular el lenguaje, pero también es el motor del pensamiento, del recuerdo. Si creamos dudas ante las preguntas, o simplemente nos negamos a contestar con sinceridad, formaremos un niño confundido, inseguro y su creatividad estará limitada.

   Nunca limites a los niños en tanto su creatividad lo guíe, lo único que debemos hacer los adultos es orientarlo cuando verdaderamente se encuentre confundido.

   Estamos en la era de la información, por lo que antes que los medios de comunicación eduquen a tu hijo, hazlo tú con el corazón y si algo no sabes, investiga, ya que pasamos más tiempo en las redes sociales y poco con los tuyos. Es mejor decirle a tu hijo “no sé, no recuerdo, ven vamos hacerlo juntos”, a pedirle que deje de molestar y se ocupe de lo suyo.

    “Si decimos a los adultos: He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…, ellos no pueden imaginarse dicha casa. Es necesario decirles: He visto una casa de cien mil francos. Sólo así exclaman: ¡Qué hermosa es!”. Fragmento de El Principito.