(Segunda de tres partes)

 Continuamos con la segunda parte de esta investigación realizada por Ángel Flores Wambli, José Darío Álvarez Mazatzin, Víctor Mújica y Salvador Chávez, expertos en Temazcal y danzantes de la tradición de la tradición mexica. Gracias a Roberto Linazasoro por compartir este proyecto de gran valor cultural.

 ELEMENTOS DE COSMOVISIÓN

La diosa Teteouinnan, la madre de los dioses, tenía muchas denominaciones y desempeñaba funciones muy complicadas; era quien producía los temblores, de ahí su nombre de Tlalli Iyollo, “el corazón de la tierra”; patrocinaba también a los médicos, los adivinos y los suertistas, de donde venía su nombre de Yoaltizitl, “la médica de la noche”. Como uno de los principales recursos terapéuticos eran los temazcales, esta diosa adoptaba el nombre de Temazcaltoci, “abuela de los baños” (Mendoza C.).

   Sahagún dice de ella que: "...esta diosa era la diosa de la medicina, de las yerbas medicinales y de los medicinantes; ella era adorada por doctores y cirujanos, también por parteras. También era adorada por los que se bañaban, o tenían temazcales en sus casas. Todos pusieron la imagen de esta diosa en sus baños". El culto de esta diosa del temazcal se extendió a lo largo de mesoamérica y también se encuentra en otras grandes culturas, como la mixteca, zapoteca y maya. La íntima relación entre la veneración a la diosa y los temazcales fue razón suficiente para que los españoles encontraran otra causa para prohibir el uso del baño (Zakelarez L.).

   El sentido ceremonial del temazcal es muy complejo y tan elaborado como la tradición lo marque. Baste mencionar aquí que desde la antigüedad hasta nuestros días, en él se honran a las deidades de los cuatro rumbos, en el caso de la cultura náhuatl a Quetzalcoatl, Huitizlopochtli, Xipe Totec y Mictlantecuhtli. Se honra también a los cuatro elementos y sus deidades: el agua (Tláloc), el aire (Ehecatl), el fuego (Xiuhtecuhtli) y la tierra (Tonantzin) (Mendoza C.).

 DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DEL TEMAZCAL

(Moedano, N; Mendoza C.)

    El uso terapéutico y ceremonial del baño de vapor (del tipo al que pertenece el temazcal) es una costumbre de gran antigüedad y ampliamente difundida tanto en el norte de Europa como en América. Respecto a su distribución en el norte de Europa, se pueden señalar tres sitios perfectamente definidos, que son: la Gran Rusia, donde aún posee un carácter ceremonial y de purificación, usándose, por lo tanto, con propósitos rituales, aparte de los estrictamente terapéuticos. En Finlandia, Latvia y Estonia, donde recibe el nombre de “sauna” y en Laponia. También es conocido el Hamem, del norte de África y Turquía.

   Por lo que respecta al continente americano, se puede afirmar que el uso del baño de vapor tipo “sauna”, como el temazcal, es una de las prácticas culturales más difundidas entre los habitantes de norteamérica, aridamérica, mesoamérica y algunos grupos de sudamérica.

   En Canadá, se encuentra en el pueblo inuit de Alaska; entre los creem, los kwakiutl, los saulteaux, los tinglit y  los algonquinos, entre otros.

   En los Estados Unidos aparece entre los grupos del este como los chitimachasm cherokees, delaware, creeks, choctaws, etcétera; en la región central entre los dakotas, lakotas, kiowas, arapahos, manda, omahas, pawnees, etcétera; y finalmente en los grupos de las mesetas occidentales como los modocs, nez percé, shuswap, klamath, havasupai, etcétera.

   En Guatemala se hallan con mucha frecuencia en el oeste y noroeste, hasta el lago de Atitlán, siendo más raros en las regiones orientales.

Distribución en México

   En México, el temazcal, aparece en los siguientes pueblos: en Tepticpac, San Diego Recova, San Juan Totolac y otros en Tlaxcala; en San Martín Texmelucan, San Juan Tuxco, San Baltazar Temazcalac, San Francisco Tepeyacac, San Salvador el Verde, Huejotzingo, Cholula, Tepeaca, Los Reyes de Juárez, Santa María Actipan, Acatzingo, San Andrés Chalchicomula y otros en el centro y región oriental de Puebla, así como en Coxcatlán hacia el sur; hacia este rumbo, en los pueblos popolocas, aparecen temazcales de construcción improvisada. En la Sierra Norte de este mismo estado ha sido registrado en los siguientes sitios: San Pablito, Pahuatlán, Chignahuapan, Tetela, San Nicolás, San Pedro Hueytentan, Totomoxtla, Zapotilán, Cuetzalan y Zacapoaxtla: todas estas localidades con población principalmente nahua, aunque también otomí y totonaca. Por lo que se refiere al Estado de México, se le encuentra en un buen número de pueblos tanto indígenas como mestizos, tales como Toluca, San Mateo Xóloc, Temoaya, Zumpango de la Laguna, San Pablo Actopan, San Gerónimo Xonacahuacán, San Luis Temazcalapa, San Martín de las Pirámides, San Juan Teotihuacán, Ocuilan, Santiago Tianguistenco, y otros.

    Es usual en Tepoztlán, Amatlán, Hueyapan y muchos sitios más del estado de Morelos. En el estado de Hidalgo aparece entre los otomíes de Actopan e Ixmiquilpan y los tepehuas de Huehuetla. En Tajín y en otros pueblos totonacos de Veracruz también tiene una gran importancia. Los mazatecos de la zona alta, los mixes, los chochos, los mixtecos y ciertos pueblos zapotecos, igualmente lo consideran una institución de importancia. En Chiapas, algunos pueblos tzotziles, tzeltales y tojolabales también lo acostumbraban.

   Resultaría exhaustivo y verdaderamente imposible mencionar todos los lugares en los que hay temazcales. En las ciudades, poco a poco se ha ido extendiendo su uso, incluso en capitales estatales, como Hermosillo, Sonora, en donde hasta hace 10 años no se tenía la práctica de los temazcales. En la ciudad de México y zona conurbada, es posible encontrar más de 20 lugares donde se ofrecen baños de temazcal: Iztacalco, Chimalistac, Acopilco, Xochimilco, Ciudad Nezahualcóyotl y muchos otros.

 CONSTRUCCIÓN DEL TEMAZCAL

   La estructura del temazcal varía de acuerdo a la cultura que la utiliza y la región en la que se encuentra. Así, tomando en cuenta su base, habrá temazcales rectangulares, circulares, semicirculares o pentagonales. Por la forma del techo, podrán ser planos, cóncavos, con una o dos pendientes, cupulares o cónicos. Por cómo se introducen las piedras puede ser central o lateral. Por sus materiales pueden ser temporales o permanentes. Su construcción puede ser subterránea, semisubterránea o a nivel del suelo. Puede ser tan pequeño como para albergar a 2 personas únicamente, o tan grande como para 40 o más (Mendoza C.).

   En el centro y sur de México por lo general son permanentes, aunque a veces la construcción puede ser destruida y cambiada de lugar por alguna circunstancia especial. Frecuentemente son de forma circular como los hornos de pan todavía vistos en los pueblos, con un tejado abovedado que simboliza los cielos. Ocasionalmente, se encuentran temazcales rectangulares o cuadrados. Se hacen de diferentes materiales que van desde lodo o adobe, ladrillos, piedra, cal, y madera, o también excavados en la tierra tal como se hacía hace más de 500 años.

   Además de la construcción tradicional de varios de los pueblos indígenas de México, en las últimas décadas se ha ido adoptando en muchos lugares la construcción de temazcales al estilo de la tradición lakota; por su tipo de construcción es de carácter temporal, con base circular, con estructura de vara formando un techo cupular cubierto de mantas y con un depósito central para las piedras calientes. En la manera clásica las varas que se utilizan son de sauce (planta considerada como sagrada), pero se puede recurrir a materiales locales, como por ejemplo, carrizo, bambú, otate, entre otros de varas flexibles.

   Este tipo de baño de sudor, llamado Inipi, es uno de los siete ritos sagrados de la tradición lakota. Se construye haciendo un armazón con doce o dieciséis varas que forman círculos, recordando los grandes misterios de esa cosmogonía, clavados en el suelo de manera que se indiquen las Cuatro Direcciones del Universo. Al unirse las 16 varas en la parte más alta del techo (a 1.50 m del suelo, aunque puede variar, al igual que el diámetro de la base), se dibuja una estrella de ocho puntas que representa la relación de este espacio con ‘las ocho estrellas de la mañana’. Estas varas a su vez llevarán al menos  cuatro círculos que tienen también un significado simbólico relacionado con la creación, los espíritus superiores y, hasta el tope, con el Gran Espíritu o el Gran Misterio de la Vida, representando simbólicamente, a escala, a todo el universo. Del centro de la estructura se traza un sendero hacia el exterior que conecta al fuego donde se calentarán las piedras (Black Elk; Carrillo, citado por Mendoza). 

  El temazcal se debe construir en sitios precisos y orientarse con exactitud. Deben responder a una serie de simbolismos dictados por la tradición ceremonial. El lugar seleccionado para la construcción queda destinado únicamente para ello y se le considera un lugar sagrado. Para ‘sembrarlo’ se pide permiso, en ocasiones se ofrece tabaco o alimentos como ofrenda para el espíritu guardián del temazcal.