Por Rosa Martha Morales Espinosa

Definitivamente el apego que hay entre padres a hijos tiene que ser positiva, ya que en ocasiones puede tornarse obsesivo y en este caso ya sería un problema, puesto que ambas partes no podrían desarrollarse de manera óptima en una etapa posterior, sobre todo el niño (a), ya que es él quien comienza a moverse de manera independiente y necesita de confianza para enfrentarse al mundo. Los padres de alguna manera vivirán esa separación y quizá hasta surjan algunos recuerdos de cuando fueron infantes y tuvieron que desapegarse de los padres, ya sea por ingresar a guardería, kínder o simplemente quedarse con algún familiar que cuidará de éste; sin embargo el infante que aún está por separarse físicamente y por momentos cortos de sus padres pueden ser víctimas de los fantasmas de los padres. Es necesario trabajar esto con anticipación de modo que el infante sepa lo que está por ocurrir, que son etapas de la vida, que esta separación tiene que ser sana y productiva para la familia, que es por tiempos definidos y que llegando la tarde se estará con él para seguir dándole amor, y aun cuando no se esté físicamente con él no se le deja de amar, por el contrario siendo un equipo se logran objetivos afines. Cuando sucede este proceso ha llegado el momento de ponerlo en práctica, de lo contrario si los miembros de la familia no están preparados, puede ser un fracaso total y el niño se sentirá inseguro, habrá una descompensación y desadaptación. Es importante no olvidar que el niño (a) debe ser tomado en cuenta en la toma de decisiones y más cuando se le involucra a él, puesto que ya desde ese momento se le da el verdadero valor y muestra de amor.

   Muchas veces la culpa abunda  respecto a qué hacer en tiempo de crisis económica cuando el dinero no alcanza y la mujer tiene que salir a trabajar para apoyar a la  pareja; sin embargo si todo se hace con amor y razón no hay culpa que entre dentro de la situación, a menos que existan otros tipos de razones.

   Es necesario actuar con responsabilidad, pero… ¿Qué es la responsabilidad?, es un valor de suma importancia, pues los padres debemos saber que la responsabilidad radica en dar y actuar en compromiso con el ser que está creciendo y conociendo el mundo y ésta debe ser de tal manera que se al niño se le provea de autonomía y seguridad, el niño (a)  sabrá que es por amor. Obviamente es necesario compensar, pues hay oficios que van acorde con las necesidades familiares y parte de la responsabilidad es asumir que es una decisión tener un hijo y por tanto el tenerlo implica un cambio de rutina, por tanto deberá existir una modificación de la soltería al matrimonio-paternidad pues hay un ser que necesita de cuidados especiales y tiempo para un desarrollo óptimo. Y esta decisión es de dos seres adultos que deberán asignarse roles para poder cubrir con estas necesidades ya no personales sino familiares, pero… ¿quién será el responsable? Ambos adultos que decidieron unir sus vidas y procrear. Este papel no solo le corresponde a uno de los miembros  sino a ambos y mucho menos le corresponde a los tíos, abuelos, vecinos, nanas, y como nombres existan para los sustitutos de los padres y que llamamos tutores.

   Ahora bien, también existen los padres que de mutuo acuerdo deciden que uno de ellos se queda en casa y otro sale a trabajar. Si es de mutuo acuerdo está bien, pero la educación y amor a los hijos sigue siendo responsabilidad de ambos padres, pues lo único que cambia es que uno de los padres decide estar más al pendiente de los hijos físicamente pero la parte emocional nos corresponde a ambos.

   Si la pareja por situaciones X o Y decide separarse,  se separan de esa persona que en su momento fue significativa, pero jamás deben separarse del hijo, pues dejan de ser pareja emocional pero seguirán siendo padres.

   Los adultos tenemos un papel de suma importancia en los hijos, sin llegar a los extremos de sobreprotección o abandono. Ambos extremos no llevan a algo bueno.